Legisladores a la fuga

La espantada de los legisladores demócratas de Texas forma parte de una larga tradición de política marrullera.

El partido republicano en Texas, durante su sesión legislativa bianual, ha aprobado lo que muchos han descrito como una de las olas de legislación conservadora más importantes de la historia del estado. A pesar de que Texas sigue su lento giro hacia el centro según las grandes ciudades del estado empiezan a acumular poder y población, el GOP aprobó cosas como una prohibición casi completa del aborto o autorizó llevar armas cortas sin necesidad de licencia o permiso.

En los últimos días del periodo de sesiones, que se celebra en años alternos y sólo dura cinco meses (y no, esa no es manera de gobernar un estado con 29 millones de habitantes, pero ese es otro tema) los republicanos intentaron sacar adelante una de las medidas estrella del partido: una ley sobre “seguridad electoral” para prevenir el “fraude” en las urnas.

Los que me lleváis leyendo hace una temporada sabéis que el fraude no es tal; es una invención paranoica de los republicanos, en extensión de las teorías de la conspiración de Trump. Pero aprovechando que el Rio Grande pasa por El Paso, y que ya que tenemos supermayorías podemos hacer lo que nos da la gana, los republicanos pusieron sobre la mesa una ley en la gran tradición americana de dificultar y restringir el derecho al voto, para asegurar que sólo vote la gente correcta.

Es decir, blancos que votan republicano.

Al GOP se les escapó un pequeño detalle. En los estados con legislativos a tiempo parcial, si una ley no es aprobada antes de que termine el periodo de sesiones, básicamente desaparece en el éter. Dado que manipular elecciones a tu favor es un trabajo complicado, los republicanos se vieron en la tesitura de tener que votarla con prisas el último día de la sesión. El senado estuvo en sesión toda la noche debatiendo la ley, entre las objeciones demócratas. El último día, llegó al pleno de la cámara de representantes para ser votada.

La respuesta de los demócratas fue levantarse e irse de la cámara, dejándoles sin el quorum suficiente para poder votar. La ley murió con las campanadas de medianoche. Final feliz.

Pero claro, como en todas las películas de miedo, el monstruo legislativo no está muerto, ni mucho menos.

El gobernador de Texas, Greg Abbott, republicano, tiene la potestad de convocar un periodo extraordinario de sesiones para debatir una ley, con el acuerdo de los líderes de las cámaras legislativas. En la agenda, la ley electoral y un puñado de prioridades conservadoras. Los republicanos tienen mayoría en ambas cámaras; los demócratas iban a perder esta vez.

El lunes, sin embargo, los líderes del GOP llegaron al capitolio en Austin y se llevaron una sorpresa: los demócratas no estaban. En secreto, coordinándose por teléfono, 51 de los 67 representantes demócratas se fueron al aeropuerto, dieron una breve rueda de prensa para despedirse, y se largaron del estado camino de Washington DC. Los republicanos se han quedado otra vez a dos velas, sin suficientes legisladores para votar nada ni para aprobar un cambio de reglas. Los conservadores han pedido al sargento de armas (el responsable de seguridad del capitolio) que detenga a los legisladores huidos y les fuerce a volver, cosa que obviamente no podrá hacer, ya que la policía de Texas no tiene jurisdicción alguna fuera del estado.

En teoría, esta situación puede seguir así de forma indefinida. Aunque la sesión extraordinaria está limitada a 30 días, Abbott puede convocar tantas como le plazca. Los demócratas pueden quedarse fuera del estado hasta el fin de los tiempos, sin que nadie vote nada.

A la práctica, el sueldo anual de un legislador estatal de Texas es $7.000, algo que no te da para pasarte meses y meses fuera de casa. Los legisladores huidos han dejado a su familia y su trabajo en Texas, y no pueden estar ahí fuera de manera indefinida, ni vivir a base de donaciones, ya que vulnerarían leyes de financiación de campañas. La cosa durará más o menos días, pero es cuestión de tiempo.

Mientras tanto, los legisladores fugitivos se han dedicado a hacer lobby por Washington en favor de la legislación federal (que, por ahora, no tiene los sesenta votos necesarios para ser aprobada en el senado) para proteger el derecho a voto, salir en CNN, dejar en ridículo a un patán de Fox News, y en general tratar de hacer publicidad sobre la campaña del GOP para restringir el derecho a voto y manipular distritos electorales allá donde controlan gobiernos estatales.

Lo más divertido de todo este asunto, por cierto, es que la táctica de salir corriendo del estado para bloquear legislación no es del todo inusual. La política americana tiene mucho de sainete, y esta clase de espectáculos (o variaciones en forma de filibusterismo, marrullería legislativa, etcétera) forman parte del paisaje. Los demócratas lo habían hecho ya en el mismo Texas en el 2003 y el 2009, y en Wisconsin el 2011, y los republicanos hicieron lo mismo en Oregón hace dos años para bloquear una ley sobre cambio climático. Ballotpedia tiene un resumen de varios casos recientes.

La mayoría de los estados no son tan idiotas como para tener un quorum mínimo de 2/3 de la cámara que permita estas espantadas, por supuesto.

Fue un golpe de estado

En un libro a punto de ser publicado sobre el último año de la administración Trump aparece la revelación de que el general Mark Milley, jefe del estado mayor, temía que el presidente quería su “quema del Reichstag” e iba a intentar dar un golpe de estado. Milley llegó a preparar una respuesta coordinada del Pentágono para bloquear una orden presidencial que pudiera poner en peligro el orden constitucional.

Dejadme reiterar este punto. El jefe de las fuerzas armadas de Estados Unidos estaba convencido que su comandante en jefe era un nazi dispuesto a dar un golpe de mano, utilizando milicias paramilitares para forzar una crisis.

Y eso fue precisamente lo que hizo el seis de enero, con el asalto al capitolio el día en que el congreso iba a reconocer formalmente la victoria de Biden.

Tras las elecciones, parece cada vez más obvio que Trump perdió la cabeza por completo, y realmente estaba dispuesto a volar la democracia americana por los aires para mantenerse en el cargo. El hecho de que fuera un patán rodeado de idiotas y sicofantes no reduce lo más mínimo la gravedad de la situación.

Estas revelaciones hacen aún más preocupante la deriva autoritaria del trumpismo y el GOP. Como señala David Frum en un brillante artículo en el Atlantic (me encanta como escribe, por cierto) quizás viene siendo hora de llamar las cosas por su nombre y hablar de fascismo sobre esta gente.

Un impuesto a seguir

Ayer la Comisión Europea y los demócratas en el congreso presentaron por separado una batería de medidas para combatir el cambio climático. La comisión, para iniciar el lento y tecnocrático procedimiento legislativo de la UE, los demócratas como primer paso en el debate de la ley de infraestructuras de Biden. Ambas propuestas incluyen un impuesto nuevo: un arancel especial para importaciones procedentes de países que no están haciendo suficiente para reducir sus emisiones de CO2.

Esto es muy buena idea. Europa y Estados Unidos son importadores voraces de productos industriales; son mercados enormes, ricos, y con una demanda inagotable. Un arancel serio sobre emisiones sería una forma muy efectiva de utilizar ese poder de mercado para incentivar a exportadores con regulación ambiental más laxa (léase: todo el mundo) a intentar contaminar menos.

Como todo impuesto pigouviano, es probable que recaude cada vez menos según los países vayan cambiando cómo producen para esquivar el arancel. Es decir, exactamente lo que queremos.

Por supuesto, pasar de propuesta a legislación es difícil, y el diseño de un arancel así es complicado. No quiero aventurarme a decir si será aprobado o no en el congreso, aunque el proteccionismo de la era Trump sugiere que los aranceles son relativamente populares. En la UE, Dios sabe, pero ojalá sea implementado.

Bolas extra

  • Las muertes por sobredosis en Estados Unidos se dispararon un treinta por ciento el año pasado, el mayor incremento de la historia. No encuentro datos actualizados de Europa, pero este paper sugiere que este es un fenómeno americano.

  • ¿Os acordáis de los apagones de Texas en febrero? Acabaron por matar más de 200 personas.

  • Ya que estamos hablando sobre Texas, la ley de aborto que han aprobado da recompensas de $10.000 a aquellos ciudadanos que denuncien a clínicas o individuos que ayuden a una mujer a abortar más allá del plazo legal de seis semanas. La mayoría de mujeres no saben que están embarazadas en ese plazo, por cierto.

  • Un perfil de Tucker Carlson, el cretino racista con un programa de máxima audiencia en Fox News.

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