Pensilvania, Pensilvania, Pensilvania

Hablemos de mapas electorales

Con las elecciones ya a la vuelta de la esquina, es hora de hablar de la más bella y esotérica historia sobre estrategias electorales en la política americana, el insondable misterio que es el colegio electoral.

No me meteré en explicar la historia y morfología de esta institución, una de las muchas reliquias obsoletas que habitan en la añeja constitución americana. Toca hablar sobre las diferentes rutas o combinaciones de estados que Donald Trump tienen para alcanzar la mágica cifra de 270 votos que te dan la presidencia.

Empezaremos, por tanto, con un mapa: el colegio electoral, tras las elecciones del 2016:

Una de las cosas más curiosas de la victoria de Trump del 2016 es que a pesar de quedar a más de dos puntos en votos a nivel nacional, incluso perdiendo en dos de los tres estados clave (Wisconsin, Michigan y Pensilvania) hubiera derrotado a Clinton igualmente. Trump tenía una ventaja estructural en el colegio electoral, dado que los estados decisivos, los que podían inclinar las elecciones de su lado, eran más conservadores que la media del país.

Ahora veamos este mismo mapa, pero mirando los datos de las medias de los sondeos de 538. En azul, los estados que son demócratas casi con total seguridad, en rojo, los republicanos. En verde, aquellos estados que los candidatos están ahora mismo a menos de ocho puntos en los sondeos, es decir, básicamente casi completamente fuera de peligro:

Nótese el punto de partida de ambos candidatos. Si miramos a los estados y distritos del congreso (Maine y Nebraska asignan sus votos por distrito en el congreso, cosa que puede dar situaciones divertidas), Joe Biden empieza con 216 votos, mientras que Trump sólo tiene 122 completamente asegurados. Esto es lo que sucede cuando estás a 8-10 puntos en los sondeos, que muchos estados tradicionalmente “tuyos” pasan a estar en márgenes peligrosos, mientras que muchos de tu oponente pasan a estar fuera de tu alcance.

Este mapa, sin embargo, es engañoso, porque ocho puntos es una distancia sideral. Los sondeos muy raramente se desvían tantísimo del resultado; incluso en Wisconsin, el estado donde erraron por mayor margen el 2016, no llegó a los cinco puntos.

Redibujemos el mapa, entonces, dando a todos los estados con más de cinco puntos de margen en la media de 538 a cada uno de los candidatos:

Nótese que, por el lado de Trump, su cifra apenas se ha movido. El único lugar que pasa a ser considerado “seguro” es Montana, donde el presidente sólo tiene cinco puntos escasos de ventaja. En el lado de Biden, sin embargo, tenemos una pequeña avalancha de estados en los que podemos considerar que está por delante incluso si las encuestas se equivocan tanto este año como lo hicieron el 2016. Biden está a sólo 12 votos de la cifra mágica de 270, en el peor escenario de sondeos posible.

Los estados que le pueden dar estos últimos 12 votos son lo que en jerga política americana se les llama “tipping point states”, los verdaderamente decisivos.

La buena noticia para Biden es que tiene muchas alternativas posibles. Sólo necesita ganar, en el orden de mejor a peor en los sondeos en Pensilvania, Carolina del Norte, Florida o Georgia para llegar a 270. De estos cuatro, Biden va por delante en todos, con un margen que oscila entre cinco décimas en Georgia a 5,1 puntos en Pensilvania. Pensilvania está en verde en este mapa, de hecho, sólo para darle un poco de emoción al artículo y porque un sondeo extraño de Insider Advantage este lunes ponía a Trump con +3. Si sacas esa encuesta de la media, Biden está con +6 largos, un margen más que confortable.

Dicho en otras palabras: Si el martes por la noche (o miércoles por la mañana) Biden ha ganado Pensilvania, o está ganando en Carolina del Norte, Florida o Georgia (y no ha perdido en el resto de “seguros”) es casi seguro que será presidente. Su estado clave es Pensilvania.

Trump, mientras tanto, debe ganar en Pensilvania y no puede perder ni Carolina del Norte, ni Florida, ni Georgia, y no tiene margen de error para perder ni en Arizona ni Iowa.

Esto está chupado, ¿no? Biden lo tiene ganado. Bueno, no exactamente.

Primero, obviamente los sondeos pueden equivocarse. Miremos al mapa de arriba de nuevo, pero en un escenario donde hay un error consistente en las encuestas de cinco puntos en contra de Trump, así que el presidente gana en todos los estados que están a la derecha de Pensilvania:

A Trump le bastaría con Pensilvania, otra vez, pudiendo incluso perder Wisconsin y Michigan. En este escenario, Pensilvania le daría el empate, enviando las elecciones a la cámara de representantes, donde ganaría la votación (se vota por delegación estatal, no por representantes). Fijaros entonces que Trump puede ganar las elecciones, bajo estas condiciones, perdiendo el voto popular por cinco puntos porcentuales, algo que es una auténtica barbaridad.

Este mapa parece absurdo, pero es probable que las distancias siderales que vemos en los sondeos se cierren un poco durante los últimos días. Aunque hay muy pocos indecisos, la ventaja de Biden viene más de persuasión que de movilización; ha conseguido atraer muchos moderados que o se quedaron en casa o votaron a Trump el 2016. Persuadir tiene la ventaja de que cada votante que convences le quita uno a tu contrario, pero el problema que tu base es un poco menos sólida, y siempre tendrás más riesgo de fugas y arrepentimientos.

Si Biden estuviera el martes que viene a 7-8 puntos de distancia de Trump en vez de 9-10 como ahora, y los sondeos en Pensilvania, Nevada, Minnesota y Michigan están a menos de cinco puntos (con Pensilvania a tres), Trump necesita un error aún improbable pero imposible en los sondeos para ponerse por delante con cierta claridad, y acabar con un mapa así:

Por supuesto, los errores en los sondeos no acostumbran a ser uniformes; si las encuestas se equivocan de media digamos tres puntos en contra de Trump, es muy probable que el error sea mayor en algunos lugares y menor en otros. Los estados no están realmente en un continuo de izquierda a derecha, sino que son demográficamente distintos, así que un error en los sondeos que infrarrepresenta un grupo u otro tendría impactos distintos en cada lugar. Es posible, por ejemplo, que en este escenario Trump ganara en Pensilvania, pero perdiera en Florida, o que Biden ganara en Carolina del Norte y perdiera Wisconsin. Estaríamos en la dimensión desconocida, ciertamente. Este mapa extraño daría resultados fuera de lo común, pero casi todas las carambolas (aparte de un vuelvo en Texas) darían a Trump como ganador.

Vale la pena recalcar, sin embargo, lo improbable de que esto suceda. Un error de los sondeos de tres o más puntos exige un salto de fe considerable, especialmente si tenemos en cuenta que los encuestadores han aprendido bastante sobre sus errores del 2016. Un movimiento de dos puntos hacia Trump en una campaña electoral donde quedan tan pocos indecisos y donde sus números no han estado por encima del 44% desde abril requeriría un milagro o una pifia extraordinaria de Biden. Si además más de un tercio de todos los votantes ya han depositado su voto (75 millones de personas), Trump no necesita un milagro, sino tres.

Es cierto que el tipo tuvo dos milagros el 2016 (sondeos y la carta de Comey), cosa que ya era improbable. Puede ganar, claro que puede. Pero Dioses.

Una nota final: del mismo modo que es posible que haya un error en las encuestas hacia Trump, es igualmente posible que el error sea de igual magnitud en dirección contraria, y los sondeos estén subestimando el apoyo de Biden 3-5 puntos en algunos estados.

Así que por cada carambola en la que Trump gana in extremis merced de un churro estadístico donde acaba imponiéndose en Wisconsin, hay otra en la que Biden arrasa ganando incluso en Montana y Texas. Un mapa así, con 412 votos demócratas, es igual de improbable que una victoria por la mínima de Trump. Dudo que lo veamos (lo más probable es Biden sobre 320-340), pero no es tampoco imposible.

Bolas extra: