Timando a los fieles

El mundo conservador americano y los emprendedores que se enriquecen de él

Entre el torrente de noticias de la pandemia y la semana corta de acción de gracias, la noticia de que la Asociación Nacional del Rifle (NRA, National Rifle Association) ha admitido ser un nido de timadores ha pasado un tanto desapercibida.

La NRA ha sido durante años una de las organizaciones más poderosas de la política americana; un grupo con millones de miembros, vastos recursos económicos y una influencia descomunal en el congreso. No hay nada que un político republicano tema más en unas primarias que tener a la NRA y sus votantes movilizados en su contra. Si hay un centro en el movimiento conservador en Estados Unidos, el lobby pro- armas de fuego está muy, muy cerca de él.

Durante los últimos años, sin embargo, la NRA se ha visto envuelta en una serie de polémicas y luchas internas que han mellado su prestigio y efectividad de manera considerable. Una facción rebelde dentro de la organización liderada por Oliver North (sí, ese Oliver North) intentó derrocar a Wayne LaPierre, que había estado al mando de la NRA durante casi cuatro décadas. Aunque LaPierre consiguió sacarse de encima a los insurrectos, sus acusaciones atrajeron la atención de las autoridades. Este verano la fiscal general de Nueva York presentó una demanda acusando a sus dirigentes de utilizar la organización como un chiringuito para hacerse ricos, defraudando decenas de millones de dólares durante años. LaPierre estaba cobrando un salario de más de cuatro millones de dólares anuales, y utilizando fondos de la NRA para caprichos, lujos, fiestas y viajes para él y sus amigotes.

El miércoles, víspera de acción de gracias y el día de menos atención mediática del año (en Estados Unidos, thanksgiving es la única festividad que celebra todo el mundo), la NRA presentó una declaración de impuestos revisada, firmada por el propio LaPierre, “corrigiendo” los errores contables de la organización. Errores del estilo de Lapierre devolviendo $300.000 dólares en “gastos de viaje” mal contabilizados a la organización (!!!), entre otras perlas contables. La fiscalía ya les ha dicho que mucho pedir perdón y lo que quieran, pero los líderes de la NRA estaban desviando dinero a patadas, saqueando la fundación de la organización y ocultando pérdidas millonarias, y que esto no es ni siquiera un buen principio. Aunque LaPierre se ha defendido diciendo que todo esto es un montaje de los demócratas de Nueva York para destruirle a él y a la segunda enmienda, parece bastante claro que la NRA corre el riesgo de desaparecer.

No voy a negar que ver una organización tan odiosa como la NRA implosionar en una orgía de corrupción, desfalco, amiguismo y fraude me parece algo maravilloso. Lo que creo especialmente significativo, sin embargo, es que esta clase de noticias distan mucho de ser inusuales cuando hablas de movimiento conservador y sus organizaciones asociadas. Es más, hay un patrón común, casi sistémico, en la cantidad de chiringuitos deshonestos, fraudulentos o ilegales defendiendo causas conservadoras.

De memoria, y sin querer ser exhaustivo, se me ocurren la trama montada por Steve Bannon para recaudar fondos en teoría para construir el muro fronterizo en México, a la práctica para hacerse rico. O las docenas de organizaciones para “ayudar a veteranos” que no eran más que excusas para enriquecer a sus líderes. Tenemos también a los tarados de QAnon, que van por el mundo recaudando dinero para “salvar a los niños” para su propio beneficio. Tenemos también decenas de PAC ficticias para ayudar a candidatos que nunca gastan un duro en publicidad, el director de campaña de Trump, Brad Parscale, regando de dinero a sus amigotes, o la persistente tradición de líderes de la derecha evangélica de hacerse millonarios cuando se meten en política. Y por supuesto, en cabeza tenemos ese “fondo legal” de Trump para intentar cambiar el resultado de las elecciones que va en su mayor parte al mismo candidato y su familia, porque ser presidente no quiere decir que no puedas participar en estos timos.

Aparte de los fraudes obvios y directos, los medios de comunicación conservadores tienen asociados toda una nube de negocios y anunciantes que son como mínimo dudosillos, cuanto no fraudulentos. Hay, por ejemplo, una industria entera dedicada a vender oro a oyentes de talk radio conservadora, a menudo con comisiones abusivas. Alex Jones llevaba meses vendiendo una pasta de dientes que curaba el COVID, y una nutrida parroquia que vende semillas en preparación del fin de la civilización, raciones militares que pueden ser almacenadas durante años y búnkeres para prepararse para el apocalipsis. Porque todo es un negocio.

Lo más curioso es que esto no es nuevo. Rick Perlstein, el autor de mi muy admirado Nixonland (en esta casa se respeta a Nixon), lleva años hablando sobre cómo dentro del movimiento conservador americano habita una larga tradición de vendedores de crecepelo, fabulistas y timadores que no parece tener paralelo en la izquierda americana, o en cualquier otro movimiento político que conozco. Si prestamos atención al mensaje de la derecha populista americana, tanto Trump como sus antecesores comparten una retórica centrada en el resentimiento, generar desconfianza hacia las élites, y crear una mentalidad de asedio, de los nuestros contra el mundo. Con esta base ideológica, este poso de temor y miedo constante, no es difícil ver cómo muchos “emprendedores” pueden montar un negocio basado en robarle la cartera a los fieles.

La trágica ironía de la presidencia de Donald Trump es que es muy probable que la carrera política del ahora presidente empezara simplemente como un intento de meterse en este circo de engañabobos, estafadores, y emprendedores políticos que rodean al partido republicano. Trump se metió en política el 2012 con sus conspiraciones sobre el lugar de nacimiento de Obama, entrando en el circuito de Fox News y radios conservadoras, y consiguiendo así cientos de horas de publicidad gratuita para su persona y negocios. Hay muchos que creen que su entrada en las primarias del 2016 era simplemente una forma de atraer la atención, vender humo, y ganar dinero. Lo que nadie se imaginaba (ni siquiera el mismo Trump) es que los votantes republicanos estaban tan metidos en este maravilloso mundo de conspiraciones y trolas que tener a un embaucador como candidato les pareció una idea estupenda.

Cuando se habla de lo difícil que será hacer limpieza en el partido republicano, no es sólo cuestión de echar a los racistas, autoritarios, o corruptos. El problema es que el partido, y el aparato mediático asociado a él, está plagado de gente que gana cantidades obscenas de dinero manteniendo a la militancia del partido atemorizada y en un frenesí patriótico constante.

Bolas extra: