Tira al abuelo del tren

El partido republicano empieza a descubrir que Trump quizás sea ligeramente tóxico

Este boletín seguramente estará obsoleto mañana por la noche; estamos en uno de esos días en los que las noticias se están moviendo muy rápido, incluso para los estándares de la administración Trump. Aun así, lo que está sucediendo es tan importante que más vale que hablemos de ello ahora.

El contexto: dudas

Durante el día de ayer y hoy, un reguero de empresas americanas ha anunciado que van a dejar de donar dinero a cualquier político que hubiera votado a favor de invalidar el resultado de las elecciones la semana pasada. La lista no era únicamente empresas “progres” estilo Patagonia o Apple, sino colosos industriales como Dow o gente que no se mete en política como Disney, o la misma cámara de comercio. Mientras tanto, prácticamente todas las empresas que están haciendo negocios con la familia Trump y tienen la opción de salir por patas anunciaba que rompían cualquier asociación con el presidente.

Al mediodía, entre un puñado de noticias que hablan sobre la existencia de una variedad de planes filoterroristas en preparación para la investidura (!!!), el Pentágono confirmaba que la guardia nacional desplegaría 15.000 soldados armados para el combate en Washington. Estados Unidos tendrá más tropas desplegadas en su propia capital que en Siria, Irak y Afganistán juntos. Complementando este despliegue, los jefes del estado mayor emitían un extraordinario comunicado conjunto llamando a los disturbios del capitolio un “violencia, sedición e insurrección” e insistiendo que Joe Biden será investido presidente el día veinte.

Los republicanos se mueven

Las noticias más importantes del día, sin embargo, han sido en el lado político. Esta mañana aparecían varias informaciones en la prensa sobre cómo los líderes del partido republicano en la cámara de representantes estaban empezando a desmarcarse de Trump. Lo hacían en privado, sin demasiados aspavientos, haciendo cosas como pedirles a sus miembros que paren de culpar a Antifa de los disturbios del día de reyes. De forma más significativa, estaban incluso ofreciendo a Pelosi un voto de censura contra Trump en vez de un impeachment, un cambio considerable comparado con las habituales defensas a ultranza cuando atacan al presidente.

La primera gran sorpresa, sin embargo, fue a media tarde, cuando el NYT informaba que Mitch McConnell, jefe de la mayoría republicana en el senado, estaba apoyando en privado el impeachment. La noticia, lejos de ser desmentida o matizada con entusiasmo como casi siempre sucede con estos titulares, fue confirmada por Fox News horas después.

Mientras los medios se esforzaban en averiguar qué nivel de apoyo real tiene Trump en el senado, el vicepresidente Mike Pence confirmaba que no iba a invocar la 25º enmienda. En una carta muy razonable, Pence señala que Trump no está incapacitado, y que utilizar esa provisión era poco aconsejable. Ante esta negativa, Nancy Pelosi confirmó que la cámara de representantes votaría el impeachment hoy miércoles.

La segunda gran sorpresa fue cuando un pequeño grupo de representantes republicanos hizo público que votarían a favor del impeachment. La lista no es larga, pero incluye un nombre increíblemente significativo: Liz Cheney, hija del ex-VP, representante por Wyoming y número tres del partido en la cámara. Su comunicado es breve, pero brutal:

“On January 6, 2021 a violent mob attacked the United States Capitol to obstruct the process of our democracy and stop the counting of presidential electoral votes. This insurrection caused injury, death and destruction in the most sacred space in our Republic.

“Much more will become clear in coming days and weeks, but what we know now is enough. The President of the United States summoned this mob, assembled the mob, and lit the flame of this attack. Everything that followed was his doing. None of this would have happened without the President. The President could have immediately and forcefully intervened to stop the violence. He did not. There has never been a greater betrayal by a President of the United States of his office and his oath to the Constitution.

“I will vote to impeach the President.”

Los dos líderes del partido en la cámara (McCarthy y Scalise) se oponen al impeachment. En un cambio significativo respecto a la votación de principios de año, no obstante, van a dar libertad de voto a su grupo parlamentario - y la expectativa es que entre diez y veinte republicanos voten a favor de cesar a Trump.

La tercera gran sorpresa ha sido de nuevo McConnell. Axios decía que el líder republicano en el senado de hecho estaría inclinándose por votar a favor del impeachment. Si eso era cierto (y nadie ha salido a desmentirlo) esto quiere decir que en el senado muy, muy probablemente hay suficientes votos republicanos para destituir a Trump - y McConnell ha decidido que es hora de purgarle del partido y prohibir que vuelva a presentarse a unas elecciones para librarse de él para siempre.

¿Qué demonios ha pasado?

Bueno, por una vez me voy a permitir ponerme una pequeña medalla. A principios de diciembre señalaba que el poder de Trump dentro del GOP era hasta cierto punto artificial. Aunque el partido le temía y apoyaba de forma casi unánime, esa lealtad estaba muy condicionada a que nadie se atreviera a decir que el rey estaba desnudo en voz alta. Era posible, entonces, que si un grupo lo suficiente significativo de republicanos decidiera dar un paso adelante y decir que es un patán en voz alta, la mayoría del partido, que cree lo mismo pero no se atreve a decirlo en voz alta, se sumaría a la rebelión.

Creo que esto es exactamente lo que estamos viendo ahora mismo. El partido republicano se basa en un acuerdo tácito entre élites empresariales y conservadores culturales para apoyarse mutuamente. Estos días hemos visto cómo los primeros finalmente se han dado cuenta que las bajadas de impuestos no compensan la destrucción del régimen democrático a manos de un cretino sociópata y autoritario. De forma paralela, en el capitolio, la combinación entre la realidad objetiva de que el presidente envió una turba de fanáticos enloquecidos a linchar legisladores hace unos días y el hecho de que muchos legisladores estaban empezando a condenar en privado y en público las acciones del presidente han abierto esta ventana de oportunidad.

El viejo partido republicano, institucionalista, conservador, sobrio, ha dicho basta.

¿Significa esto que Trump va a perder el cargo?

Quizás.

La verdad, no lo sabemos. Si algo ha distinguido a Trump estos cinco años es su capacidad de sobrevivir a escándalos que hubieran acabado la carrera política de casi cualquier otra persona, y hacerlo repetidamente. Es perfectamente posible que lo de McConnell sea un globo sonda para apaciguar a unos cuantos moderados y después dar marcha atrás cuando más le convenga. Liz Cheney quizás se acabe quedando más o menos sola. Es posible que los demócratas cometan alguna estupidez trágica en los próximos siete días. A saber.

Esta crisis, este escándalo, sin embargo, parece diferente. Los líderes republicanos en el congreso no están oponiendo resistencia apenas. Los intentos de gente como Ted Cruz y Josh Hawley para desviar la atención han sido ignorados. Los demócratas están muy, muy, muy cabreados y no están haciendo eso tan habitual en el partido de negociar consigo mismos desesperadamente.

Por encima de todo, Trump no ha pedido perdón. No ha retrocedido un milímetro. Y cada día parece más claro que el ataque al capitolio fue mucho peor de lo que pareció en un primer momento, mucho más violento, y que fue casi por azar que no acabó con rehenes, legisladores asesinados y una crisis constitucional incontrolable. Y eso sin entrar siquiera en los inusuales, casi extraños errores de los servicios de seguridad nacional antes y durante los disturbios.

El partido republicano es el partido de Trump en muchos aspectos. En la cámara de representantes, una mayoría de legisladores son trumpistas convencidos, lo bastante fanáticos como votar a favor de invalidar el resultado de las elecciones incluso después del asalto al capitolio. Pero el viejo GOP no ha muerto aún en el senado, con su lento ritmo de renovación, ni en el resto de los centros de poder de Washington. La idea de que es necesario redimir al partido, borrar a Trump y pasar página de forma dramática para evitar que la insurrección del día de reyes quede asociada al partido durante décadas es muy, muy fuerte.

Mañana, en la votación de la cámara de representantes, tendremos una buena pista. Si el impeachment pasa con una decena de votos del GOP, quizás el antitrumpismo es más débil de lo que parece, y McConnell tenga dudas, quizás aplazando el jucio en el senado hasta después de la toma de posesión de Biden. Si Trump recibe más de veinte votos de su partido en contra, sin embargo, el impeachment empezará a ganar inercia de veras, y quizás Mike Pence acabe en la Casa Blanca unos días.

Mi intuición (y lo más lógico) es que veamos algo más parecido al primer escenario que al segundo, pero este ha sido un día extraño de veras. Veremos.

Bolas extra:

Foto: Tyler Merbler