Un juego peligroso

Lucha de clases y estímulo fiscal en una semana de transición

Estos últimos días tenía la intención de escribir sobre tres temas: estímulo fiscal, el partido republicano, y GameStop. Las tres son historias interesantes, pero no daban para un boletín entero, así que siempre me quedaba a medias. Más que un artículo largo, permitidme pinceladas sobre GameStop y el estímulo fiscal, y de la triste, lamentable, y previsible rendición del GOP ante Trump hablaremos otro día.

Bárbaros en el casino

La saga de GameStop, a estas alturas, está bien documentada y explicada en otros lugares, así que no voy a detenerme demasiado en los detalles. Medio Wall Street creía que la empresa, una cadena minorista de videojuegos, estaba acabada, así que compraron acciones en corto, básicamente apostando que el valor de sus títulos bajaría.

Una posición corta (short selling) consiste en pedir prestada una acción a alguien con la promesa de que la devolverás en un plazo determinado. La idea es que el que pide la acción la vende al precio actual de inmediato, esperándola comprar a un precio inferior cuando el contrato venza y tenga que devolverla. La diferencia entre el precio actual y el precio futuro, si ha bajado, es el beneficio que va a ganar.

Hace casi dos años un tipo avispado en Reddit y unos cuantos inversores se dieron cuenta que en el mercado había muchas más posiciones a corto que acciones; la cifra que ronda por ahí fuera es sobre un 130%, pero dado que muchas acciones no están en el mercado, la ratio es quizás cuatro veces mayor. Teniendo en cuenta que muchas de esas posiciones a corto iban a vencer más o menos al mismo tiempo, la idea era acaparar los pocos títulos disponibles en el mercado libre y crujir como locos a todos esos listillos que habían apostado que GameStop iba a palmar.

Y eso es lo que ha sucedido esta semana. El plan ha funcionado.

Lo fascinante de la historia no es tanto el pelotazo que han dado algunos en Reddit, sino las implicaciones para los mercados financieros, por un lado, y toda la narrativa que ha surgido alrededor de la historia.

De la primera parte no quiero o puedo hablar demasiado; no soy analista financiero, y esta clase de derivadas me dan dolor de cabeza. La implicación más interesante, por lo que he leído, es que para los reguladores esto ha sido un recordatorio que uno puede tener una crisis no sólo porque el mercado baja de forma descontrolada, sino que es posible volar por los aires entidades financieras con subidas excesivas de acciones. Lo que ha sucedido (un short squeeze; no es el primero ni el último) no es algo completamente novedoso, pero que un puñado de frikis en redes sociales pueda hacerlo sí lo es. Aunque la reserva federal o el BCE no van a llorar porque un hedge fund se vaya a hacer gárgaras, la próxima vez quien se pille los dedos puede que sea Deutsche Bank (que se apunta a todas las verbenas) o alguna otra entidad sistémica, y entonces sí que nos echaremos unas risas.

La parte que me ha parecido más fascinante de toda esta saga es lo rápido que los medios y la misma gente de Reddit la han convertido en una saga político-moral. Comentaristas, redes sociales, analistas y prensa se han apresurado a hablar sobre “el pueblo contra el establishment”, una “rebelión contra Wall Stret” o como “los bárbaros están cargándose todo lo que es sagrado”. Tanto Ted Cruz como AOC se apresuraron a pedir explicaciones airadamente cuando varias apps y brokers minoristas congelaron las compras de esas acciones, insinuando que estaban protegiendo a los poderosos (nota: lo hicieron porque se estaban quedando sin liquidez, y de seguir en el mercado, hubieran quebrado llevándose todo el dinero de los inversores con ellos). Es cierto que vivimos en un mundo en que la política es para muchos un pasatiempo y absolutamente todo es politizable, pero esta historia en particular me parece más una curiosidad financiera que algo revolucionario.

A saber: esto no es una revolución. Reddit no está “redistribuyendo dinero de los hedge funds a las masas”. La gente que está comprando acciones no son (con contadas excepciones) camareros y enfermeras golpeando a millonarios donde más duele. Lo que estamos viendo es una combinación de unos cuantos amateurs muy listos con dinero para jugar en bolsa como hobby que se han puesto las botas, unos pocos hedge funds que están acuchillando a sus rivales discretamente entre todo este ruido, y lo que no dudo que va a ser un montón de gente que van a perder mucho, mucho dinero cuando la burbuja estalle. Los ganadores reales de todo este asunto serán muy pocos. Más allá de Wall Street perdiendo cierto apetito por las ventas a corto, esto no tiene mucha más importancia.

Por cierto, todos esos que se oponen a las ventas en corto porque presionan a la baja acciones de empresas viables creo que esto deja claro que andaban errados. En empresas medio viables (y Gamestop lo era - tenía amplias reservas) los cortos es una oportunidad para que alguien venga y te dé una patada en los dientes.

Negociando el estímulo fiscal

Dentro del gigantesco, profundamente obtuso, irremediablemente arbitrario reglamento del senado de los Estados Unidos existe un procedimiento llamado reconciliación (reconciliation). Bajo esta provisión, la cámara puede obviar la norma que exige que tres quintas partes del senado voten a favor de cerrar el debate sobre una ley antes de poder someterla a votación, es decir, permite saltarse el filibuster.

El procedimiento de reconciliación tiene varias condiciones previas. Para empezar, sólo puede utilizarse en legislación que trate de gasto público, impuestos, o el techo de deuda federal. Segundo, no puede tocar nada fuera de estos tres campos, ni aumentar el déficit a largo plazo o introducir cambios en la seguridad social. El senado puede aprobar tres leyes al año usando este método.

Joe Biden y el partido demócrata quieren aprobar otro estímulo fiscal para apoyar la economía americana durante la recta final de la pandemia. El coste y el contenido del estímulo son ambiciosos (1,9 billones de dólares, cheques a familias, dinero extra para desempleados, subir el salario mínimo a $15/hora, baja por enfermedad pagada, infraestructuras, ayudas a empresas, dinero para vacunas, hospitales, policías, escuelas…) y tiene un apoyo considerable en los sondeos.

El primer instinto de Joe Biden, siendo como es un tipo un poco chapado a la antigua, ha sido negociar con los republicanos. El GOP, al fin y al cabo, ha votado a favor de cuatro estímulos fiscales hasta ahora; saben que es popular, y están a favor de gastar dinero. Seguro que votarán a favor. Obvio.

Excepto, claro, no. Porque al partido republicano el déficit público le importa un pimiento cuando están en el poder, pero le preocupa enormemente cuando están fuera. Como no, la santidad de los sesenta votos en el senado al GOP le parecen cruciales cuando manda un presidente demócrata, pero no tienen el más mínimo reparo de sacar adelante una bajada de impuestos descomunal o intentarse cargar la ley de sanidad vía reconciliación cuando el presidente es Trump.

Allá por el 2009, cuando los demócratas tenían entre 58 y 60 escaños en el senado (la cosa fue variando), la administración Obama se encontró con un dilema parecido, y decidió negociar. “Sólo necesitamos un par de republicanos”, se dijeron, y acabaron aprobando un estímulo fiscal demasiado pequeño para el agujero donde se había metido la economía. Ni se les ocurrió utilizar reconciliación; sólo acabaron recurriendo a ella para darle la aprobación final a la Affordable Care Act, la ley de sanidad de Obama, a principios del 2010.

Este año, sin embargo, parecen estar haciendo muy atípico para el partido demócrata, que es aprender de errores pasados. La lección, en el 2009, fue que Mitch McConnell te va a llorar sobre consenso durante semanas pero que al final votarán en contra de todo, no importa las concesiones que hagas. Este año Chuck Schumer y Biden han dejado claro que si los republicanos no vienen con ideas concretas y votos detrás no van a perder el tiempo, e irán a reconciliación de inmediato.

Cosa que está muy bien, pero como de costumbre hay un problema: el muy excelso y todopoderoso Dios-emperador de West Virginia, el senador Joe Manchin, que está haciendo lo que hace siempre quejándose de que dónde está la educación, es hora del consenso, y que Joe Biden no le hace la pelota lo suficiente. En el Washington de años pasados, esto se arreglaría con West Virginia recibiendo un montón de infraestructuras urgentes dentro del paquete de estímulo, y no dudo de que eso suceda, pero Manchin va a llorar, llorar y llorar esta semana.

La paradoja, por cierto, de sacar el bulldozer de la reconciliación es que esto hace más probable, no menos, que los republicanos negocien de buena fe. El orden de preferencias del GOP (o al menos del ala menos chiflada del partido) es 1.) no hay estímulo fiscal para chinchar a Biden, 2.) hay estímulo fiscal con algunas cosas que me gustan y 3.) hay estímulo, pero sin ninguna de mis prioridades incluidas. En un escenario de filibuster (60 votos), el GOP puede conseguir 1.) levantándose de la mesa, así que no van a negociar nada. Bajo reconciliación, negociar quizás les dé 2.), quedarse fuera les da 3.), así que tienen más incentivo para moverse. Es posible entonces que algún voto aislado apoye la medida.

Sobre la extraña, idiota, ridícula necesidad de utilizar procedimientos extraños para gobernar incluso en medio de una pandemia… en fin. Hablaremos del GOP otro día.

Bolas extra:

  • Trump ha despedido a sus abogados para el juicio del impeachment apenas una semana antes de que empiece. El tipo estaba insistiendo que montaran una defensa basada en insistir que había ganado las elecciones y que ha habido fraude masivo.

  • Tengo que hablar algún día sobre la decisión de Facebook de reducir el volumen de contenidos sobre política en su página. Facebook sabe perfectamente que su producto ha radicalizado a millones de personas, y saben cómo evitarlo. Hasta ahora les había importado un comino.

  • Hay mucho, mucho que hablar sobre la rendición patética y absoluta del GOP a Trump, a pesar de que Trump lleva dos semanas sin salir en TV y que el tipo envío una horda de tarados armados al capitolio a linchar a su vicepresidente.

  • Parece que la obsesión de Trump con antifa (un enemigo imaginario) perjudicó mucho la tarea de las fuerzas de seguridad y redujo la vigilancia de grupos de ultraderecha. Todo indica que el asalto al capitolio estaba bien preparado y sus organizadores llevaban meses haciendo planes.

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