Y Biden sacó la excavadora

Es la semana de las infraestructuras en Estados Unidos. No está claro que el congreso pueda aprobar nada.

Si hay algo en que todo el mundo en Estados Unidos parece estar de acuerdo es que las infraestructuras del país están hechas una mierda. Este es un país donde sus dos estados más ricos y poblados (Texas y California) han sufrido vergonzosos apagones en menos de un año y donde casi todos los aeropuertos parecen anclados en los años ochenta. Es un país lleno de autopistas y carreteras plagadas de baches, líneas de tren con horarios peores hoy que en los años cincuenta, ciudades medio abandonadas, atascos constantes y transporte público lamentable.

La administración Trump sabía esto, y entendía que mejorar las infraestructuras del país era popular. También eran un puñado de patanes incompetentes que a pesar de anunciar la “semana de las infraestructuras” varias veces al año durante su mandato nuca presentaron nada substantivo o enviaron una propuesta concreta al congreso. Irónico, ya que algo temían los demócratas es que Trump ofreciera un plan viable que pudiera fragmentar su coalición. Construir puentes, túneles, carreteras, trenes y aeropuertos es siempre popular.

La administración Biden será muchas cosas, pero al menos se toman esto de gobernar con un poco más de seriedad que sus antecesores. En la “semana de las infraestructuras” no sólo han puesto sobre la mesa un plan (bastante) detallado para invertir casi tres billones de dólares sobre la mesa, sino que incluso ha ofrecido incluso una explicación detallada sobre cómo pagarlo.

¿Qué hay este paquete?

Mucho y bueno. No quiero detenerme demasiado en los detalles (aunque confío escribir un boletín en cuanto pueda hablando sobre el gasto en ferrocarriles, por supuesto), pero es una propuesta ambiciosa.

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Un glorioso tren de cercanías de la Hartford Line. La locomotora diésel data de los años sesenta, los coches son de segunda mano de principios de los sesenta, y hay 11 trenes por sentido al día. Y luego os quejáis.

Por ejemplo, habla de gastar 621.000 millones de dólares en transporte. Esto incluye 85.000 millones en transporte público, 80.000 en ferrocarriles, 115.000 millones en arreglar carreteras, 174.000 para acelerar la electrificación del tráfico rodado, y 25.000 millones en aeropuertos.

Más allá del transporte, hay 111.000 millones para infraestructuras hidráulicas (agua corriente, cloacas, depuradoras), 100.000 millones para internet de banda ancha, 400.000 millones para energía limpia, 378.000 millones para vivienda y edificios públicos, 180.000 para I+D, y 300.000 millones en política industrial.

Es mucho dinero, y hay mucho gasto muy necesario en él. En general hay muchísimas buenas ideas, muchas cosas en que Estados Unidos debería haber estado invirtiendo mucho más y está atrasadísimo y muchísima inversión de cara al futuro. Es un plan bien diseñado que de ser aprobado haría mucho bien al país.

Para pagarlo, Biden quiere subir los impuestos a las empresas. La administración Trump rebajó el impuesto de sociedades del 35% al 21%; Biden quiere subirlo al 28% y crear un recargo para empresas que declaran beneficios en el exterior para evitar pagar nada en Estados Unidos (hola, Irlanda). Se espera que a este cambio se le añada una subida de impuestos a los contribuyentes con más ingresos ($400.000 al año), con el tipo marginal máximo pasando del 37 al 39,6%.

Siguiendo con un patrón ya habitual en esta Casa Blanca, la propuesta resulta ser bastante popular. Una mayoría abrumadora de americanos (81%) quieren más gasto en infraestructuras (incluyendo un 74% de republicanos), y un 54% de votantes está de acuerdo de que se haga subiéndole impuestos a los ricos y empresas. Curiosamente, los republicanos prefieren endeudarse a pagar la factura, porque bueno, Dios nos libre de ofender a Jeff Bezos.

Como siempre, hay un problema…

La política americana es ese lugar increíble donde el congreso puede ver una encuesta en la que un 81% de votantes les piden que hagan algo (HORMIGÓN Y ACERO) y se las arreglen para no llegar a un acuerdo para aprobar absolutamente nada. Como de costumbre, incluso algo tan simple como MÁS EXCAVADORAS Y BULLDOZERS se ha politizado de forma estúpida.

Para empezar, tenemos la habitual oposición completa, absoluta y total del partido republicano. La excusa esta vez no es el gasto público (porque los republicanos quieren invertir en infraestructuras) sino los impuestos, porque bueno, lo de tener cosas como Amazon no pagando ni un céntimo en impuestos federales supongo que les parece bien. Estamos hablando de Mitch McConnell, de todos modos; si Biden hubiera decidido pagarlo con deuda se opondría porque es demasiado caro, y si hubiera permitido a los republicanos redactar toda la financiación de la propuesta también. El GOP no quiere darle ni una sola victoria a Biden, así que no va a apoyar nada de lo que proponga.

Esto, por cierto, no me parece del todo mal; los republicanos están en la oposición, y parte de su trabajo consiste en ofrecer una alternativa lo que propone el partido en el gobierno. En un país normal con un sistema parlamentario y un legislativo que no sobrerrepresenta de forma grotesca a uno de los dos partidos no sería un problema. En Estados Unidos, sin embargo, el congreso en general y el senado en particular exigen acuerdos, negociaciones y consenso, porque necesitas 60 votos para poder sacar cualquier cosa adelante. El GOP está siendo obstruccionista, sin más, a sabiendas de que cuando la minoría sabotea una ley popular los votantes tienden a echar la culpa al presidente, no a la minoría del senado.

Por añadido, Estados Unidos tiene esta extraña politización sobre la política de infraestructuras que me pone de los nervios. En España (o en un país europeo medio razonable) cuando los políticos se ponen a hacer juegos políticos con la obra pública lo hacen entrometiéndose en dónde se construye para favorecer a regiones, barrios o ciudades para pagar favores o recabar votos. En Estados Unidos, estamos en un mundo donde ampliar carreteras es derechas y el transporte público es de izquierdas. Aquí no verás a un Gallardón tunelando hasta los confines de la tierra para ganar votos, porque el metro es comunismo. Para el GOP, infraestructura es autopistas, minería, gas natural, petróleo y aeropuertos, y las energías que no emiten CO2 son cosa de Stalin.

Excepto la energía nuclear. Al GOP le encanta la energía nuclear.

Esto quiere decir que Biden no sólo se va a encontrar que el GOP no quiere negociar nada porque Dios santo eso querría decir que le están ayudando, sino que incluso si quisieran negociar los republicanos pedirían proyectos básicamente absurdos la mayor parte del tiempo.

Reconciliando, otra vez

¿Qué nos queda? aprobar la ley mediante el proceso de reconciliación, otra vez, limitando su contenido únicamente a cosas que tengan un impacto presupuestario directo, y sacándola adelante sin votos republicanos.

Cosa que nos lleva, otra vez, a hablar del Zar de todas las Américas, Paladín del Bien y lo Sagrado y hombre más importante de la nación, Joe Manchin. Y sí, nuestro héroe quiere invertir en infraestructuras, y sí, está dispuesto a subir impuestos para pagarlo, pero lo de la reconciliación le sabe mal, y quiere hablar con los republicanos primero. McConnell ya le ha dicho que no, pero Manchin quiere hablarlo con calma, etcétera.

La verdad, mi impresión es que veremos una repetición de lo que sucedió con el estímulo, y los demócratas harán otra “de perdidos, al río” e intentarán sacar adelante la ley como sea. Dentro del partido no hay un consenso claro aún de cómo pagar la factura y es posible que la cifra final se quede por debajo de la propuesta inicial, pero han aprendido la lección. No estoy seguro de que los demócratas puedan mantener la disciplina interna una segunda vez (porque bueno, son demócratas) pero es la única opción que les queda.

Como siempre, sin embargo, hay un pero final: esto será si los letrados del senado les dejan, porque no está tan claro que sea permisible utilizar el procedimiento de reconciliación por segunda vez. Cosa que les obligaría a retrasar el paquete hasta el año fiscal 2022, que empieza en otoño, y Dios sabe dónde estaremos entonces.

El senado de los Estados Unidos, el único legislativo del mundo donde el ganador de las elecciones no puede gobernar porque una ley presupuestaria de 1974 lo prohíbe.

Bolas extra:

  • Los republicanos están a favor de obligar a empresas a permitir que la gente lleve armas de fuego en sus instalaciones. Obviamente también son contrarios a los pasaportes de vacunación.

  • Los republicanos siguen intentando la Affordable Care Act en los tribunales, porque lo de hacerlo en las urnas es para flojos.

  • Matt Gaetz, un congresista republicano hiper-trumpìsta y la clase de cretino que se paseó por el capitolio con una máscara de gas para mofarse del pánico ante el COVID, está metido en un escándalo sexual con tráfico de menores, prostitución y otras cosas vergonzosas.

  • Me van a poner la primera dosis de la vacuna la semana que viene; Connecticut está vacunando a todas las edades desde ayer. El país está reabriendo a toda prisa y la economía va como un tiro. Hay una cuarta ola de COVID incipiente, pero con casi tres millones de dosis diarias (y la cifra aumentando a buen ritmo) Estados Unidos estará vacunado antes del 4 de julio. No por dar envidia ni nada.

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