Y quedaron dos

Los favoritos hace un año son los dos supervivientes de las primarias demócratas

No voy a negar que estoy decepcionado.

Las primarias demócratas empezaron hace más o menos diez meses con una lista de candidatos impresionante en su talento y diversidad. Muchos candidatos, muchos de ellos muy cualificados, carismáticos e inteligentes. Cuatro o cinco mujeres con historiales excelentes y más que preparadas para ganar unas elecciones.

Hace diez meses, los favoritos eran dos septuagenarios con problemas de salud también, pero muchos nos dijimos que era cosa de tiempo. Una vez el resto de candidatos empezara a ser conocido, tendríamos unas elecciones con varios políticos nuevos, llenos de energía, trayendo ideas nuevas a la campaña.

Y aquí estamos, con Biden y Sanders como único supervivientes, la dupla de candidatos presidenciales más aburrida desde que John Kerry derrotó a Edwards el 2004. Por un lado, un tipo que lleva en política desde los años setenta y que presenta una tendencia no del todo reconfortante a olvidar cosas. Por otro, un tipo que lleva en política desde los años setenta y que evita olvidar cosas a base de llevar repitiendo exactamente los mismos eslóganes durante los últimos cuarenta años.

¿Qué ha sucedido?

Como todo, una combinación de factores. En el lado de Biden, un problema de coordinación. Hay una docena larga de políticos demócratas moderados que son mejores candidatos que Joe, pero ninguno de ellos era tan conocido como él. Aunque Biden nunca atrajo la mayoría de los votantes centristas de su partido (cuando tuvo competidores nunca pasaba del 25% del voto), la división del voto moderado-no-Biden hizo que nadie viable emergiera como alternativa sólida. Cuando llegamos a Iowa, los únicos supervivientes eran Pete Buttiggieg y Amy Klobuchar. Pete es un tipo brillante pero con cero apoyos entre votantes de color dentro del partido, aún en la carrera porque un cierto sector de de los medios se encaprichó con él. Klobuchar seguía ahí por pura tozudez personal, pero tenía problemas parecidos con votante no-blancos.

En el camino, un montón de candidatos mejores que cualquiera de estos tres, que nunca pudieron despuntar porque Biden actuaba como una ancla que limitaba su crecimiento.

En el lado de Bernie, la historia es quizás aún más irritante. En abril del año pasado, la campaña de Sanders tenía un plan: solidificar su apoyo entre el 30% de votantes progresistas dentro del partido, y explotar la división entre los centristas para ganar primarias y el supermartes por mayoría simple, acumulando delegados rápidamente.

Es una estrategia racional; al fin y al cabo, es la estrategia que llevó a Trump a la Casa Blanca. El pequeño problema es que depende de la continuada estupidez del sector centrista del partido; si los moderados se coordinan antes del supermartes en uno o dos candidatos, ese 30% de apoyo fanático de tus bases no te da mayorías, sino un montón de derrotas catastróficas en muchos estados.

Los moderados acabaron por coordinarse detrás de Biden, que había deambulado cual zombie hasta ser el único centristas superviviente. Bernie no tenía un plan B.

Este es el principal problema de Sanders ahora mismo. Toda su campaña ha sido construida alrededor de construir una base fuerte, leal, y convencida. Lo han hecho a base de criticar de forma incesante el establishment demócrata (con justicia - son una panda de patanes) y de llamar a todo el mundo que no apoya a Bernie y vendido neoliberal que quiere matar gente porque no apoya Medicare for All. Esto te da un 30% del voto, pero para ganar unas primarias uno contra uno, necesitas más que un 30% de votantes. Cambiar tu mensaje a estas alturas será complicado - y más cuando los estados que vienen en el calendario de primarias son mucho menos favorables para tí que lo que vimos el supermartes.

La única ventaja relativa de Bernie es que Biden sigue siendo un candidato espantoso, y que en muchos temas sus posiciones son más populares que las de el ex-vicepresidente. Si Sanders cambia su retórica y consigue convencer al enorme sector de moderados dentro del partido que cuando ven a Biden sufren porque tienen miedo de que vaya a decir alguna chorrada incomprensible (algo que Biden hace a menudo) que en el fondo no les odia, no cree que son unos vendidos al capital y que él no es más que un tipo decente al que le gusta exagerar un poco quizás puede ganar.

Lo tiene difícil. Pero esto aún no se ha terminado.