De California y otros detalles

La política en Estados Unidos sigue, a pesar de Afganistán

Hoy toca hablar de tres noticias que han quedado en un segundo plano tras los eventos en Afganistán, pero que son igualmente importantes - y que es posible que tengan un impacto mayor a largo plazo que la evacuación en Kabul.

Empecemos.

California Uber Alles

De aquí algo menos de un mes, Gavin Newsom, gobernador demócrata de California, se enfrenta a un referéndum revocatorio.

Newsom fue elegido gobernador en el 2018 de forma holgada, y es relativamente popular; sus índices de aprobación están sobre 57-43; en temas como COVID, incendios forestales o la economía, anda sobre 60-40. Pero es perfectamente posible que pierda el cargo el 14 de septiembre, porque el estado de California tiene un sistema electoral absurdo.

Para empezar, convocar un referéndum revocatorio es relativamente sencillo; el único requisito legal es recoger un número de firmas equivalente al doce por ciento de la gente que votó en las últimas elecciones. Esto puede parecer mucha gente en un estado tan grande como California, pero recogerlas es cuestión de dinero, algo que en la política de Estados Unidos hay de sobras. Los organizadores recogieron más de un 1,7 millones de firmas, obligando a convocar la votación.

El referéndum tendrá dos preguntas. La primera, si el gobernador debe abandonar el cargo. La segunda, en caso de que el resultado de la primera sea en su mayoría afirmativo, es escoger entre una lista de 46 candidatos (porque poner tu nombre en la papeleta es cómicamente fácil) quién debe substituirle.

A estas alturas todo el mundo debería tener aprendido que los referéndums así en dos fases son una mala idea, pero vale recalcarlo de nuevo. Es perfectamente posible que Newson reciba el apoyo de un 49,9% del electorado, pierda el cargo, y que su substituto sea escogido con un 10% del voto.

Para hacer las cosas aún más absurdas, los sondeos indican que este escenario no es en absoluto descabellado. La votación va a tener lugar “fuera de ciclo”, sin elecciones para ningún otro cargo a la vista. Es muy, muy posible que la participación sea baja, así que la gente que irá a votar será sobre todo gente politizada. El movimiento que está intentando derrocar a Newson es una coalición de republicanos reaccionarios, trumpistas, antivacunas y negacionistas variados del COVID que, aunque son muy minoritarios en California, están muy, muy, muy cabreados y mucho más motivados para votar. Los demócratas, que son una mayoría abrumadora en el estado, apoyan al gobernador, pero no están igual de movilizados. Los sondeos están mostrando ahora mismo mayorías amplias de votantes en contra del revocatorio, pero una ventaja muy, muy pequeña a favor de Newsom si sólo se incluyen aquellos que los sondeos estiman que irán a las urnas.

El favorito entre los 46 candidatos alternativos a Newson, para que veáis como está el patio, es un tal Larry Elder, alguien que insiste que el calentamiento global es un montaje y cree que el salario mínimo debería ser abolido. Los sondeos le dan un 18% del voto.

Una vez en el poder, por supuesto, cualquier gobernador republicano se encontraría con un legislativo con supermayorías demócratas enfrente y esencialmente cero capacidad de gobernar, más allá de órdenes ejecutivas - y eso si le dejan aprobar alguna. Pero (recuerdo) estamos hablando de un estado de casi 40 millones de habitantes que sería la quinta economía del planeta en PIB si fuera un país independiente, pero que resulta tener un sistema electoral así de absurdo.

Los nueve centristas del apocalipsis

Estos días un grupo de nueve representantes demócratas que se autoproclaman moderados y centristas han anunciado que no votarán a favor de la resolución presupuestaria que autoriza la tramitación vía reconciliación de la iniciativa legislativa estrella del presidente Biden si la cámara de representantes no vota antes el acuerdo bipartidista sobre infraestructuras.

Si esto os parece confuso, bueno, lo es. Bienvenidos al congreso.

No sé si recordaréis que los demócratas tenían dos leyes importantes en tramitación en el senado. Por un lado, teníamos el BIF (bipartisan infrastructure framework), el plan de un trilloncejo de dólares en diez años que salió adelante con amplio apoyo de ambos partidos. Por otro, tenemos el paquete de 3,5 trillones de dólares donde está el resto de la agenda de Biden (cambio climático, bajas pagadas por enfermedad, programas sociales…) que saldrá adelante, si todo va bien, sólo con votos demócratas.

El acuerdo entre moderados y progresistas dentro del partido es que las dos leyes van juntas; los progresistas se comen el sapo del BIF, que es una ley un tanto mediocre, a cambio de que los moderados acepten el otro paquete, y los moderados consiguen su gran victoria bipartidista con el BIF a cambio de dejar que los progres tengan sus paneles solares. En el senado, las dos facciones del partido están cooperando, y aunque el Zar Emperador Khan Joe Manchin dice que quizás 3,5 trillones es demasiado dinero, ha aceptado llevarlo a trámite.

En la cámara de representantes, estos nueve centristas están lloriqueando un poco más fuerte, y dicen estar dispuestos a hundir el paquete grande si no se aprueba el BIF primero. Y los progresistas, que no son tontos, se huelen que estos moderados después hundirán la otra ley, así que amenazan ahora con hundir el BIF. Los moderados confían que el BIF puede salir adelante con votos republicanos (muy, muy dudoso), y creen tener algo con que negociar.

Quien cuenta en la cámara de representantes, sin embargo, es Nancy Pelosi, Speaker y alguien con reputación de sacar leyes adelante, sea por las buenas, sea por las malas, y pobre de aquellos que se crucen en su camino. El plan es llevar al pleno una “regla” (un mecanismo parlamentario que autoriza a la cámara a tramitar una medida, en este caso) que incluya las dos leyes a la vez, y pedirles a los moderados a ver si tienen ganas de cargarse la agenda del presidente ellos solitos o no. La expectativa es que acaben rindiéndose.

Lo que está claro es que a los nueve iluminados que andan jugando a bloquear leyes de este modo se han ganado la ira de medio partido demócrata, en el mejor de los casos, y unas primarias el año que viene para aquellos más irritantes. Josh Gottheimer, el cabecilla de la rebelión es de Nueva Jersey (y alguien detestado por muchos de sus compañeros) en un distrito muy demócrata, y Working Families ya está recaudando fondos para sacarle a patadas del sillón.

Más notas sobre Afganistán

Ya escribí demasiado sobre ello, pero hay unos cuantos detalles que merecen atención, más allá de las diez tesis del lunes.

  • La retirada de Afganistán ha perdido algo de apoyo en los sondeos, pero incluso en una encuesta hecha justo en los días de mayor caos en Kabul, sigue siendo mayoritario, 40-28, con un 32% de indecisos. El mayor cambio es entre republicanos, señal de que el tema se ha politizado, pero el hecho de que incluso cuando peor iban las cosas siga en positivo es significativo. Mi tesis de que esto en un mes se olvida, si no cambian las cosas sobre el terreno (y sí, ese condicional es importante) creo que es sólida.

  • Ahora que la situación en el aeropuerto de Kabul está más o menos bajo control, la cobertura mediática en Estados Unidos ha dejado de centrarse en el “caos” y ha pasado a la polémica sobre cuántos refugiados debe admitir el país. Como de costumbre, Fox News ha decidido que esa gente marrón que ayudó a los americanos durante su ocupación son ahora indignos de ser defendidos. El GOP está bastante dividido en este tema.

  • Un detalle importante cuando hablamos de “caos”, por cierto, que debe ser recalcado. Es incluso sorprendente de que en Afganistán hayamos visto tan poco caos estos días, más allá de las escenas del aeropuerto este fin de semana. No ha habido disturbios, ni saqueos, ni violencia o represalias indiscriminadas. Han habido protestas en algunas ciudades, algunas reprimidas violentamente, pero el país no ha caído en nada parecido a la anarquía. La retirada de Afganistán es humillante para Estados Unidos y un fracaso de 20 años de política exterior, pero la transición en Kabul ha sido sorprendentemente pacífica.

Bola extra:

Sólo una, porque es algo que ya he tocado antes. En los anales de referéndums revocatorios con preguntas estúpidas, mi favorito es el caso de Jasiel Correia, alcalde de Fall River, Massachusetts, escogido para el cargo a los 23 años. Al tipo le montaron un revocatorio después de que el FBI le pillara cometiendo una amplia variedad de crímenes, de sobornos a fraude.

El tipo, como era de esperar, perdió el referéndum, 61-39, y debía abandonar el cargo.

La normativa electoral en Fall River, sin embargo, permitía que el candidato que era objeto de revocación fuera candidato en la segunda pregunta del referéndum, quién debía ocupar ahora el cargo. Correia sacó allí un 39% del voto, cuatro puntos por encima del segundo. Los organizadores de la votación no se pusieron de acuerdo en un candidato alternativo común, así que Correia siguió en el cargo hasta que el FBI lo sacó a rastras camino de la cárcel.

Por supuesto, la legislación de Massachusetts será absurda, pero es menos estúpida que la californiana. Lo que debería quedar claro es que las mociones de censura y sistemas parlamentarios son mucho mejores que estos inventos.