El éxodo de California

La política de los flujos migratorios internos en Estados Unidos

En el boletín de la semana pasada hablando sobre los cortes de electricidad en Texas comenté así de pasada un argumento que los conservadores americanos (de Fox News hasta el último republicano del país) repiten a menudo, que California “se está vaciando”. El estado se ha vuelto un pseudoinfierno progre-comunista con impuestos draconianos y apagones constantes, dicen, un lugar fracasado y caótico donde es imposible vivir, y sus habitantes están abandonándolo en masa, trasladándose a otros sitios más libres, más puros, y más republicanos.

En contra de lo que se repite habitualmente en Fox News, esto resulta que es verdad, al menos en parte. Es completamente cierto que California es un lugar con impuestos elevados, un gobierno estatal deficiente y apagones constantes, pero los Californianos no están mudándose por estos motivos.

Migraciones

Hablemos, primero, sobre Estados Unidos, y sus patrones de migraciones internas. Este es un país donde tradicionalmente la gente se muda muchísimo de una ciudad a otra, mucho más que en Europa, es parte de su tradición cultural; ya sabéis, go West, young man y todas estas historias. Aunque en años recientes el número de americanos mudándose ha disminuido, los flujos migratorios entre estados siempre son vistos con cierta atención, y muchos comentaristas los utilizan como una especie de clasificación de lo deseable o no que es vivir en un sitio.

No os voy a aburrir con toneladas de tablas (el censo tiene todos los datos aquí), pero en tiempos recientes se pueden apreciar tres grandes flujos. El primero, más tradicional y familiar, es el que va de estados rurales relativamente pobres (Kansas, West Virginia, Mississippi…) a estados más urbanos, ricos y poblados. Esto no tiene nada de nuevo y es un fenómeno que vemos en otros lugares (hola, Madrid), y no tiene demasiado misterio. Luisiana tiene un gobierno estatal atroz, apagones ocasionales y cero oportunidades económicas; por muy bajos que sean los impuestos, quien puede hace las maletas y se larga en cuanto puede.

El segundo flujo migratorio es el de gente que se traslada de estados fríos en el norte a lugares más cálidos en el sur y oeste del país. Hablamos, sobre todo, de mayores de 65 años en Nueva York, Nueva Inglaterra, y el Midwest que tras aguantar toda su vida el insufrible clima del norte del país (nota: en Michigan hace un frío de narices) cogen sus bártulos y van a jubilarse a Florida, Arizona, o algún lugar similar. En las estadísticas, este flujo de salida es más visible ahora que en décadas pasadas porque la población de Estados Unidos ha envejecido, y los baby boomers están en sus años de fervor playero. Los snowbirds son una vieja historia y fruto de chistes desde hace tiempo, y aparte de sostener industrias enteras en Florida, no tienen un impacto económico o cultural demasiado importante.

El tercer flujo es el que obsesiona a Fox News, y que sí resulta ser un factor económico importante, además de la constatación de un fracaso abismal de los estados emisores. Es el movimiento de gente que vive en los estados ricos y prósperos en las dos costas del país (especialmente Nueva York y California, pero también Connecticut, Massachusetts o Nueva Jersey, además de Illinois) hacia un puñado de estados en el sur y oeste que están creciendo con rapidez (Texas, las dos Carolinas, Georgia, Nevada, Colorado, Washington, Tennessee). Las salidas son en algunos casos impactantes; Nueva York estaba enviando casi 200.000 personas al año a otros estados, cerca del 1% de la población del estado.

El éxodo de los ricos

La mayoría de los estados emisores en esta lista son lugares espectacularmente prósperos, en muchos casos donde están las empresas más ricas y los trabajos mejor pagados del país. California y Nueva York son economías colosales, riquísimas, en plena explosión de innovación y creatividad. Nueva Jersey y Connecticut están, junto con Maryland (otro estado que pierde población), entre los estados más ricos del país. La lista de estados receptores, mientras tanto, son prósperos y tienen economías boyantes (en no poca medida gracias al aumento de la población) pero son significativamente más pobres; la renta mediana familiar en California ($75.000) es $15.000 mayor que la de Texas; la de Connecticut ($76.000) es $23.000 mayor que en Carolina del Sur.

¿La principal diferencia entre estas dos listas de estados? El principal, de muy, muy lejos, el coste de la vida, y muy especialmente, el coste de la vivienda.

Ladrillazos

California es carísimo. El coste mediano de una vivienda en California es de $554.000, una cifra descomunal si uno se da cuenta que estamos hablando de un estado con casi tanta población como España y casi el mismo tamaño que la España peninsular. En las áreas metropolitanas del estado (que es donde hay trabajo) los precios son aún más enloquecidos; el precio mediano de una casa unifamiliar en la Bay Area (San Francisco y alrededores) está por encima del millón de dólares.

El resto de los estados emisores no son tan espantosamente caros, pero no le van a la zaga. Massachusetts estás pagando viviendas a casi medio millón de dólares. Nueva York parece más barato hasta que te das cuenta de la división del estado entre el área metropolitana de NYC y el resto, que es una zona deprimida del Midwest; donde quiere vivir la gente, en NYC, es imposiblemente caro. Connecticut y Nueva Jersey tienen dinámicas parecidas, con viviendas inasumibles para casi cualquiera cerca de Nueva York. Maryland, lo mismo, pero actuando como un suburbio de Washington D.C.

¿Por qué son estos estados tan rematadamente caros? El mercado de la vivienda no es distinto a cualquier otro mercado ahí fuera, así que es una cuestión de oferta y demanda. Nueva York, Los Ángeles, San Diego, Washington D.C., Boston, y San Francisco son lugares estupendos donde hay montones de empresas muy productivas, miles de cosas que hacer. Son muy atractivas - y muchísima gente quiere irse a vivir allí.

El problema en Nueva York, Los Ángeles, San Diego, Washington D.C, Boston, San Francisco y áreas metropolitanas adyacentes es que no están construyendo viviendas. El censo, de nuevo, tiene todos los datos del mundo, pero básicamente las ciudades más grandes del país han llegado a un punto donde por muy bueno que sea tu salario, ganas más en un trabajo peor en el sur porque todo te lo dejas en hipotecas o alquileres. No es por falta de espacio; como señalaba Brookings en este artículo, en California el estado simplemente ha prohibido construir nada que no sean casas unifamiliares en muchos lugares, y edificar cualquier otra cosa es entre complicado e imposible merced de una legislación sobre urbanismo atroz. Nueva York quizás no parezca tener este problema, hasta que te percatas que la ciudad es menos densa que Barcelona o París, y sus suburbios lo son aún mucho menos.

Si Nueva York o California quisieran detener el éxodo de su población a medio plazo, la solución es relativamente sencilla: construir más viviendas para que vivir en ellas sea más asequible. Sabemos que esto funciona precisamente porque los estados que están recibiendo toneladas de población y creciendo como locos (¡Austin ha duplicado su población desde 1990! ¡Houston casi ha añadido un millón de personas!) han conseguido seguir siendo asequibles a base de construir casas a todo correr. Texas es famoso en el urbanismo americano por ser un lugar donde las regulaciones sobre qué puedes construir y dónde son muy laxas, así que están acomodando a todos estos inmigrantes levantando edificios como posesos. Aunque es cierto que los precios han aumentado en los últimos años, el coste mediano de una casa unifamiliar en Houston es $266.000 - y de forma más importante, están construyendo muchos apartamentos y viviendas plurifamiliares.

¿Por qué no se construyen más casas en California o Nueva York, entonces, si la solución es tan obvia? En parte porque son lugares que están muy mal gobernados, en parte porque los propietarios de viviendas en esos lugares votan mientras que la gente que querría mudarse a Nueva York no, y que el valor de tu vivienda suba sin cesar es algo que ya te va bien. Si a eso le sumamos la habitual alergia de la izquierda en todos sitios a desconfiar profundamente del mercado y creer que todo proyecto inmobiliario es especulación, pues así andamos.

Al menos, en los últimos años, hay legisladores, activistas, y algunos políticos que se han dado cuenta que esto es un problema y están empezando a intentar cambiar las cosas (adivinad qué hago en mis ratos libres). Por ahora, sin embargo, tenemos esta situación absurda donde las zonas más prósperas del país están creando cantidades enormes de riqueza y utilizándola casi en su totalidad para pagar a sus caseros.

Bolas extra:

  • Lo dejo para otro artículo, pero el impacto climático de esto es considerable. El newyorker medio usa mucha menos energía que alguien en Texas. California, gracias a sus duras regulaciones ambientales, tiene un balance parecido. Cuando los ecologistas en California se oponen a construir más casas para “proteger el medio ambiente” están enviando gente a sitios donde van a contaminar más.

  • Sobre cómo los médicos licenciados fuera de Estados Unidos se dan cuenta que no pueden ejercer en el país. ¿Os acordáis eso que contaba sobre coste de la sanidad, salarios altos, etcétera? Pues eso.

  • De cómo las calles del Monopoly (en su edición americana, calles de Atlantic City) reflejan el racismo de cuando el juego fue diseñado.

  • La nueva estrategia de los republicanos es fingir que Trump nunca sucedió, a ver.

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Nota adicional:

Ayer se me pasó incluir este gráfico que da una buena imagen de la escala del problema sin que os tengáis que poner a rebuscar datos del censo. Viviendas construidas cada mil habitantes:

Nótese, por cierto, la anomalía que representa Minnesota, un estado del Midwest donde hace un frío atroz pero que no está perdiendo población. El motivo: tiene un área metropolitana muy atractiva (Minneapolis-Saint Paul) que sigue siendo barata, ya que construyen mucha vivienda. Este mapa es fascinante.