Investigar un golpe de estado

El congreso lanza su comisión de investigación sobre los sucesos del seis de enero.

Un comité especial de la cámara de representantes celebró ayer su primera sesión para investigar el intento de golpe de estado y el asalto al congreso del seis de enero. La primera comparecencia fue digna de verse; el comité trajo a testificar cuatro agentes de la policía del capitolio para que explicaran cómo vivieron el ataque a ras de suelo, en primera persona.

Podéis ver la comparecencia aquí:

Las historias que cuentan los policías son conocidas. Una masa enfurecida de acólitos de Trump intentando invadir violentamente la sede del legislativo para bloquear la votación que reconocerá a Joe Biden como presidente. Insultos racistas. Palizas a agentes del orden hasta dejarlos inconscientes. Un clamor colectivo de una turba diciendo que “Trump les había enviado”. El comité combinó sus historias con videos del ataque, algunos tomados de las cámaras que llevaban los mismos policías.

Casi tan notable como los testimonios ante el comité es quién forma parte de él: nueve congresistas, siete demócratas, dos republicanos. Los conservadores hoy aullaban que esto era una caza de brujas, un intento partidista de echar basura sobre Trump. La historia, sin embargo, es un poco más complicada.

Creando un comité

Tras el fallido golpe de estado, los demócratas no tenían como primera opción formar un Select Committe en la cámara de representantes, con sus miembros designados y aprobados por Nancy Pelosi. En las semanas posteriores al asalto, su intención fue formar un comité bipartidista con representación paritaria modelado (y, de hecho, con reglas casi idénticas) al que investigó los ataques del 11-S.

Esto quería decir tener un comité formado por un número idéntico de legisladores republicanos y demócratas, con copresidentes que definirían la agenda por consenso. Eso implicaba también que los republicanos tendrían poder de veto tanto en las comparecencias como en los requerimientos de documentación a terceros. El comité redactaría un informe único intentando dar una versión imparcial de lo sucedido.

Los republicanos se negaron. Era un comité demasiado partidista, decían. La investigación o bien era demasiado amplia, intentando cubrir quién organizó el asalto y la respuesta de la Casa Blanca, o demasiado limitada, ya que no querían incluir los disturbios de Antifa del verano pasado. Aunque la resolución para crear la comisión fue aprobada en la cámara de representantes 252-175, con 35 republicanos votando a favor, esta fue bloqueada en el senado con 54 votos a favor y 35 en contra.

Y sí, en la democracia americana una investigación sobre un golpe de estado puede sacar 19 votos menos y ser derrotada por las estúpidas normas del senado (que obliga a tener 60 votos para casi todo) y además tener once senadores ausentes. Un país serio, vamos.

Alternativas al bipartidismo

Los demócratas, por una vez, no se quedaron en un rincón llorando que el GOP es malo y no les hace caso, sino que decidieron hacer algo por su cuenta.

La cámara de representantes puede, si así lo desea la mayoría, formar select commitees para investigar o tratar sobre cualquier tema de su interés. Esta es una figura que los republicanos utilizaron a menudo durante los seis años de la administración Obama en los que controlaban la cámara. Si os preguntáis de dónde salieron todas esas investigaciones inacabables sobre los emails de Hillary Clinton, vienen de un comité que montó el GOP para investigar el ataque al consulado en Bengasi, Libia, que derivó hacia sitios un tanto inesperados.

Así que Nancy Pelosi fue a los archivos del congreso, cogió la resolución autorizando un comité especial sobre Bengasi, cambió la fecha y el tema, y lo llevó al pleno. Los republicanos, por supuesto, aullaron partidismo y alegaron que lo que ellos querían un comité bipartidista estilo la investigación del 11-S, etcétera, etcétera. Los demócratas, que adoran tropezar en cualquier trampa estilo Willie E. Coyote, esta vez decidieron enviarles a pastar.

Nombramientos y trolls

Bajo las normas del comité especial, Pelosi podía nombrar nueve legisladores y el líder de la minoría republicana, Kevin McCarthy, cinco. La Speaker designó a siete demócratas y a una republicana: Liz Cheney, la hija del vicepresidente que fue purgada del partido hace poco por criticar al líder supremo Trump un poco demasiado e insistir que había perdido las elecciones.

McCarthy, mientras tanto, nombró a tres tipos más o menos normales (Rodney Davis, Kelly Amstrong y Troy Nehls) y a dos cavernícolas ultratrumpistas que votaron en contra de aceptar el resultado de las elecciones y siguen insistiendo que Trump ganó en noviembre, Jim Jordan y Jim Banks. Es decir, dos tipos con absolutamente ningún interés en investigar nada, que insisten que el asalto al capitolio estuvo justificado y que creen que la culpa de todo el desastre fue de Nancy Pelosi, que no puso suficientes policías para controlar la manifestación (nota: la Speaker no da órdenes al sargento de armas del capitolio, que es quien dirige la policía).

Jordan, además tiene un pequeño problema añadido: aparte de ser un superfan de Trump y ser condecorado por él (sin motivo alguno), es posible, incluso probable, que supiera o fuera partícipe en la estrategia de Trump para tumbar el resultado electoral. Jordan formó parte del grupo de legisladores que se reunió con Trump para planear la estrategia legal post-elecciones, y muchos sospechan que sabía que habría un intento de asalto. Durante semanas se especuló que Jordan estuvo en contacto con Trump el seis de enero mientras la turba atacaba el capitolio, en un día en que nadie parecía conseguir que nadie se pusiera al teléfono en la Casa Blanca.

Ayer el mismo Jordan admitió que habló con Trump durante el asedio:

Nancy Pelosi no es imbécil, y entendió perfectamente que lo único que quiere hacer en el comité un cretino fascista como Jordan (que, por cierto, tiene un escándalo de abusos sexuales no resuelto, pero ese es otro tema) es sabotearlo convirtiéndolo en un circo absurdo de proclamas trumpistas cada vez que le den la oportunidad. Si además, como reconoce el mismo Jordan, el tipo es casi seguro un testigo sobre la respuesta de Trump a la crisis, cuando no un cómplice del mismo asalto, quizás no es buena idea tenerle como “investigador”.

Así que decidió vetar tanto a Jordan como Banks del comité, y aceptar sólo los otros tres nombramientos.

Kevin McCarthy respondió retirando a los cinco republicanos que había nominado para el comité. En una airada rueda de prensa habló de totalitarismo, abuso de poder, qué mala es Pelosi, etcétera, exigiendo formar un comité bipartidista paritario, e insistiendo que los demócratas no quieren investigar el verdadero culpable del asalto al capitolio, el partido demócrata.

Pelosi, mientras tanto, recibió el apoyo unánime de los demócratas y el de Liz Cheney, que ha decidido que de perdidos al río y sigue en el comité. Decidió nombrar además a otro representante republicano, Adam Kizinger, que como Cheney ha criticado a Trump, insiste que este perdió las elecciones y que el asalto al capitolio fue un escándalo tremendo, no una visita turística un poco desmadrada como insisten algunos de sus compañeros de partido.

Así que este es el comité con el que hemos acabado, con siete demócratas, y dos republicanos de pura cepa (es la hija de Dick Cheney, por Dios) purgados de su partido y poco menos que muertos políticamente.

Lecciones de investigaciones pasadas

Los demócratas aprenden lento, pero parece que por fin han llegado a dos conclusiones obvias. Primero, y mira que les ha costado, que el partido republicano tiene cero interés en pasar página con Trump. Durante los quince minutos posteriores al asalto al capitolio casi llegaron a repudiarle después de que enviara una masa enfurecida a linchar al vicepresidente y legisladores que le caían mal, pero ya se les ha pasado.

Segundo, a la inmensa mayoría de votantes este teatro sobre si es un comité bipartidista o no se les escapa completamente, y los detalles del procedimiento para investigar y pedir documentos también. Los emails de Clinton fueron un escándalo inventado salido de un comité rabiosamente partidista, pero monopolizaron la campaña electoral igualmente. En este caso, investigando lo que fue literalmente un golpe de estado, es más importante descubrir qué sucedió, poner a aquellos que pueden hablar sobre ello ante las cámaras, y hablar de ello sin cesar. Parece incluso que han llegado a entender que eso de pedir comparecencias y documentos de forma voluntaria como hicieron durante los dos impeachment era una estupidez, y esta vez las harán obligatorias, bajo amenaza de detención.

Es posible que, por una vez, los demócratas sean capaces de montar una investigación que sea más o menos efectiva, no un teatro donde se prohíben a sí mismos hacer nada relevante.

Posible, digo. Hablamos del partido demócrata.

En el otro lado, mientras tanto, los republicanos parecen decididos que abrazar el trumpismo es su mejor estrategia, y están todo orgullosos defendiendo un golpe de estado. Cosa que no deja de ser un poco curiosa, porque precisamente hoy en unas primarias en Texas el candidato que apoyaba a Trump ha perdido con claridad.

En teoría el GOP estaba abrazando a Trump porque temían a las bases del partido y su adoración por el ex-presidente, pero resulta que las bases hoy no le han hecho caso. No es la primera vez. Como comentaba hace un par de meses, quizás el problema no es Trump.

Bolas extra:

  • El candidato que ha perdido en esa primaria en Texas, por cierto, es la viuda del congresista que murió de COVID en febrero.

  • La ATF ( Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms, and Explosives), la agencia federal que se encarga de combatir el tráfico de armas de fuego, lleva sin un director desde el 2015. Biden ha nominado a David Chipman para el cargo, pero algunos senadores demócratas en estados llenos de chiflados de la segunda enmienda no quieren votar su nominación.

  • Una medida importante para combatir el cambio climático: Biden anuncia que endurecerá los estándares de consumo de los coches privados en los próximos años. En Estados Unidos esto lo hacen regulando en vez de subir el impuesto de la gasolina, que es la solución más obvia, pero qué le vamos a hacer.

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