La convención demócrata

Un elaborado Zoom de alto presupuesto, con algún momento medio interesante.

Cada cuatro años me toca escribir uno o dos artículos sobre las convenciones de los partidos. Siempre se me hacen pesadísimos. Las convenciones son una reliquia de tiempos pasados, de cuando las nominaciones presidenciales se decidían en negociaciones interminables de las élites regionales de los partidos en algún palacio de congresos, con las elecciones a meses vista. El caos de la convención demócrata de 1968 trajo consigo la democratización del proceso, y post-1972, rara vez ha habido suspense, peleas o dudas sobre quién sería el candidato.

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Lo que queda ahora son cuatro días de formalidades, negociaciones más o menos sosegadas (pero no públicas) sobre el programa electoral del partido (que no se lee casi nadie), y muchos, muchos discursos. Hay el discurso de algún notable del partido la primera noche, el ritual de las votaciones de las delegaciones de cada estado para escoger al candidato la segunda, el discurso de la primera dama, el del candidato a vicepresidente, y la última noche, en horario de máxima audiencia, el discurso del presidenciable. Si uno es masoquista (o le gusta la política un poco más de la cuenta) puedes tragarte unas 30 horas de discursos durante el día, y unas buenas dos horitas de espectáculo e intervenciones de pesos pesados cada noche.

Los partidos siguen manteniendo sus convenciones ya que, por un lado, son un escaparate estupendo para vender a tu candidato y empezar la recta final de la campaña con buen pie, y por otro, las cadenas televisivas norteamericanas inexplicablemente emiten buena parte de ellas en directo. Sea por tradición, sea por sentido cívico, CBS, Fox, NBC y ABC retransmiten una hora o más de la convención cada noche. De forma aún más inexplicable, muchos americanos insisten en ver todo esto en televisión (más de 20 millones ayer, contando streaming en la red) así que tanto demócratas como republicanos hacen todo lo que pueden para aprovechar esta publicidad.

Las convenciones este año, sin embargo, van a ser un espectáculo muy distinto de lo habitual, ya que el coronavirus ha hecho inviable eso de meter 15.000 personas en pabellón deportivo haciéndose selfies, bailando, llevando disfraces ridículos, aplaudiendo furiosamente y esperando a que caiga la tradicional lluvia de globitos. En vez de horas y horas de discursos y multitudes enfervorecidas dando momentos épicos para el recuerdo (snif, snif, snif, snif), las convenciones este año van a ser las reuniones de Zoom más elaboradas de la historia, con todo el mundo dando sus discursos a distancia.

Llevamos dos días de convención demócrata y… bueno, es casi tan divertido como uno podía esperar. Las convenciones modernas siempre han sido eventos muy orquestados, muy dirigidos. Siendo todo por videoconferencia, lo ha sido aún más.

A decir verdad, el partido demócrata parece haber entendido bien que los discursos tipo “gritar a multitud entusiasmada” suenan muy extraños cuando no tienes público, y la mayoría de las intervenciones son más parecidas a una charla en un podcast o en un canal de Youtube que un discurso político tradicional. Eso no quiere decir, por desgracia, que escuchar un podcast de propaganda política de dos horas sea demasiado entretenido. Estos dos primeros días la cosa ha tenido sus momentos (el discurso de Michelle Obama el lunes, y el hombre de los calamares de Rhode Island ayer) pero nada del todo memorable. Al menos los demócratas parecen haber conseguido lo que se espera de una convención, que es monopolizar los informativos toda la semana.

En realidad, las convenciones en tiempos recientes no tienen un impacto demasiado significativo en las encuestas. En tiempos pretéritos, allá por los ochenta, una buena convención podía dar al candidato un salto de diez o doce puntitos en los sondeos, que normalmente desaparecía total o parcialmente cuando el otro partido celebraba la convención rival. En elecciones recientes, el salto apenas ha sido de dos puntos; el electorado está más polarizado, hay menos indecisos, y la mayor saturación informativa hace que mucha menos gente esté viendo y escuchando al candidato por primera vez.

Pero claro, todo el mundo las cubre, son la única cosa que está pasando en la campaña de las presidenciales esta semana, y a los periodistas les encanta decir que ellos estaban allí, el 2004, el día que Obama dio ese discurso, así que… estamos todos obligados a verlas cada cuatro años. Creo que percibís claramente mi entusiasmo.

¿Voy a ver el resto de la convención hoy y mañana? Por supuesto que sí. Soy un caso perdido. No puedo evitarlo.

La trama rusa -otra vez:

Con la convención demócrata ha pasado un poco desapercibido, pero el comité de inteligencia del senado (controlado por republicanos) ha publicado hoy el último volumen de su informe sobre la interferencia rusa en las elecciones del 2016.

El informe concluye que es muy, muy, muy, muy probable que Donald Trump, vía Roger Stone, estuviera en contacto directo con Wikileaks (es decir, los rusos - Wikileaks a estas alturas es una agencia de desinformación del GRU) y coordinaran su intervención en la campaña. El informe también señala que Paul Manafort, el director de la campaña de Trump, pasaba información confidencial a un tipo que era un agente de los servicios de inteligencia rusos, y que es muy, muy, muy probable que usaran esos informes para organizar la campaña de desinformación rusa en redes sociales.

También han encontrado abundantes indicios (pero no pruebas firmes) de que Trump en sus visitas a Rusia tuviera affaires con mises locales, abriendo la posibilidad de que pudiera ser chantajeado.

Nada de esto es estrictamente nuevo. Trump siempre había sido mujeriego; Stone siempre había insinuado (pero nunca admitido) que estaba trabajando con Assange, Manafort está en la cárcel y medio Washington sabía que Manafort estaba de mierda hasta el cuello. Lo que es relevante es que este informe sale de un comité controlado por republicanos, y que la evidencia de que la campaña de Trump estaba colaborando directamente con los rusos el 2016 es cada vez más clara.

Que esto el GOP lo haya asumido como algo “normal” es de locos.

Bolas extra: