Trump contra el US Postal Service

Estados Unidos y el derecho a votar (II): cuando estás intentando cometer fraude electoral se supone que lo tienes que hacer en voz baja.

Con la epidemia de coronavirus aún fuera de control en Estados Unidos, muchos observadores andan preocupados del riesgo que puede representar para muchos votantes acudir a las urnas en noviembre. El riesgo de contagio no es trivial; en algunas votaciones de primarias hechas durante la pandemia hemos visto nuevos brotes. En las presidenciales, con mucha mayor participación, el problema podría ser aún mayor.

La solución a estos temores es el voto por correo, algo con una larga tradición en muchas regiones del país, especialmente en el oeste. En varios estados (Washington, Oregón, Utah y Colorado) todo el mundo vota por correo por defecto (hay la opción de ir a votar en persona, pero se usa poco); en muchos otros es posible pedir el voto por correo sin motivo o justificación, y un porcentaje considerable del electorado aprovecha esta opción.

Con la pandemia, los estados donde el voto por correo no era habitual han adoptado medidas a todo correr para facilitar esta opción. Connecticut, sin ir más lejos, ha añadido “temor a COVID” como una de las justificaciones válidas para pedir voto por correo, e incluso ha recurrido a enviar la solicitud a todo el mundo de forma automática (la solicitud para pedir la papeleta, que luego te envían - Dios nos libre de hacer algo de manera sencilla en este bendito estado). Se estima que hasta un 76% de americanos podrán votar por correo en noviembre sin necesidad de justificante alguno, incluyendo todos los battleground states donde se decidirá la presidencia.

Si esto os parece demasiado lógico y razonable para la política americana, no os preocupéis, que ahora sale Trump.

File:United States Postal Service HQ - LEnfant Plaza West Bldg - Washington DC - signage.JPG

Resulta que Donald Trump está convencido que el voto por correo le perjudicará enormemente en las elecciones presidenciales de noviembre porque, según él, hay muchísimo fraude en el voto por correo (nota: no lo hay en absoluto) así que quiere evitar que los estados lo hagan más fácil. Su administración se ha hartado de llevar reformas en esta dirección a los tribunales estos últimos meses (y ha ganado algunos casos), y se ha negado de forma tajante a incluir fondos para cubrir los costes del voto por correo en ningún plan de estímulo fiscal.

De forma más insidiosa, aprovechando que el US Postal Service (USPS) es una agencia federal, se ha dedicado a sabotear su funcionamiento sistemáticamente, poniendo un amiguito suyo (y donante a su campaña) como Postmaster General (el director de correos, que tiene un título estupendo) para que introduzca “reformas” para “ahorrar dinero”.

En condiciones normales, que un incompetente nombrado por Trump se cargue una agencia federal a la que los republicanos le tienen manía no sería demasiado sospechoso; Trump pone inútiles a dirigir agencias todo el rato. Noticias como que USPS está retirando buzones de correos en estados del oeste sería visto como algo aislado, anecdótico. O el hecho de que USPS ha retirado 671 máquinas de procesar correo de alta capacidad en docenas de ciudades del país lo tomaríamos como otro ejemplo típico de vaciar una agencia antes de privatizarla. Incluso esos memorándums anunciando que se van a prohibir horas extras, reducir la prioridad a varios envíos, y hacer que el correo vaya un poco más lento sería otro favor a FedEx y UPS, pero poco más.

El problema es cuando el USPS está avisando a todos los estados del país que es muy posible que lo del voto por correo no funcione porque no tienen “recursos suficientes” como para que lleguen a tiempo. O cuando Trump dice en voz alta en varias entrevistas que no quiere dar más dinero al USPS y que está cargándose el sistema aposta porque no quiere que la gente vote por correo.

¿Os acordáis cuando hace unos días hablaba sobre esa extraña omisión en la constitución del país del derecho a voto? Bueno, pues aquí tenéis una de sus consecuencias. Tenemos al presidente de los Estados Unidos diciendo de viva voz que no quiere que la gente vote. Literalmente.

Trump, en ruedas de prensa recientes, ha dicho que no se opone a dar más dinero a USPS (y supongo, dejar de darle coces) si los demócratas negocian un estímulo fiscal con él. Por descontado, fue él quien se cargó las negociaciones hace un par de semanas, y ahora ninguna de las dos cámaras del congreso está ni siquiera en Washington en periodo de sesiones. No parece que tenga demasiado interés.

¿Qué opciones tienen los demócratas? Ahora mismo, es complicado decirlo. Para empezar, no es del todo obvio que liarse a martillazos con el USPS perjudique a los demócratas. Las zonas rurales dependen mucho más del voto por correo que las zonas urbanas, al fin y al cabo, y los republicanos pueden perder muchos votos. Segundo, hay un número nada trivial de legisladores republicanos que se han quejado de la politización de algo tan esencial como correos (una agencia que está recogida en la misma constitución) y que le han dicho a Trump que basta de tonterías. Tercero, algunos estados recogen el derecho a voto en su constitución, y están pensando en llevar a USPS a los tribunales por tomar medidas injustificadas para restringir el derecho a voto (sobre cómo un tribunal estatal puede juzgar una agencia federal, ni me lo preguntéis - será un caos).

En el fondo, toda esta saga es algo muy típico de la era Trump: la administración intenta tomar medidas discretas para ganar un beneficio político y Trump se carga todo el plan al decirlo en voz alta. Lo más cómico, por supuesto, es que no hay nada que cabree más a las abuelitas del Midwest que el correo funcionando mal, así que encima este sabotaje no estaba ni siquiera bien pensando.

Una nota final. Leeréis en muchos medios conservadores americanos sobre cómo el USPS pierde miles de millones de dólares al año porque la gente “ya no envía cartas”. Eso es falso. Primero, porque el negocio de paquetería del USPS es gigantesco y muy rentable (una de las paranoias de Trump es que está convencido que Amazon gana dinero porque se aprovecha del USPS, pero ese es otro tema), y más en tiempos de pandemia. Segundo, y más importante, el USPS debe mantener reservas para pagar las pensiones de sus empleados durante los próximos 75 años, merced de una ley de la era Bush. Este es un requisito absurdo por completo que no se le exige a ninguna empresa privada o agencia pública que dependa de recursos propios. Los republicanos la aprobaron precisamente para meter al USPS en pérdidas y buscar excusas para privatizarlo parcialmente.

Porque lo de los republicanos jugando a los bolos con agencias federales no es algo nuevo de la era Trump, obviamente.

Bolas extra:

  • El concepto de “día de las elecciones” no es del todo operativo en Estados Unidos, ya que en muchos lugares se puede ir a votar días o incluso semanas de antelación. Sobre early voting y otras rarezas y macarradas del sistema electoral americano habrá más artículos.

  • El debate que realmente preocupa a muchos americanos estos días es si las ligas universitarias de fútbol americano se van a celebrar este otoño o no. No os podéis ni imaginar la obsesión que muchos, muchos americanos (especialmente en el sur) tienen con esto.

  • Una de las cosas más cómicas tras la nominación de Kamala Harris como VP es el “debate” sobre si es negra o asiática, si es lo “suficiente” negra dado que no desciende de esclavos (no del todo cierto - su padre es jamaicano, al fin y al cabo), y si no llamarla india es anti-indio o algo así. La realidad es que las clasificaciones raciales son todas artificiales, así que no hay buena respuesta. Que sean artificiales no implica que no sean reales, por cierto - y que tengan consecuencias.

  • Nota al margen: cuando me tengo que definir “racialmente” por aquí (algo que te pasa cuando trabajas en organizaciones de izquierdas, porque en este país están chalados) siempre quedo en un limbo extraño. Vengo de un país de habla castellana y soy nacido en Venezuela, así que en teoría soy hispano, pero mis padres son catalanes y tengo aspecto europeo, así que no soy “hispano”. Y claro, tengo acento catalán, cosa que no suena latino en absoluto, por mucho que el catalán sea una lengua romance pero… Es complicado.

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