La semana trágica del partido demócrata

Los demócratas hacen lo que mejor saben hacer: pelearse entre ellos

El martes hablaba sobre la montaña de legislación increíblemente importante que el congreso debía intentar sacar adelante, sí o sí, esta misma semana, y cómo una combinación de intransigencia republicana y divisiones demócratas podía acabar en catástrofe.

Bueno, ahora mismo, creo que la cosa no ha mejorado. Es más, parece que todo apunta que las cosas van a peor.

Las buenas noticias

Empecemos por las buenas noticias, porque algo hay. Parece que no tendremos un cierre del gobierno federal, esta cosa tan cómica que sucede en Estados Unidos cuando el congreso no es capaz de llegar a un acuerdo sobre simplemente mantener el gasto corriente como estaba. Los republicanos en el senado parecen haber aprendido la lección, tras varios cierres chusqueros estúpidos (el último el 2019, por la cabezonería de Trump con el muro), que cuando estas cosas pasan los votantes tienden a señalarles a ellos, así que negociarán un par de temas menores y lo dejarán estar.

Esto no indica, sin embargo, que los republicanos súbitamente han abrazado la racionalidad presupuestaria. Es más cuestión de que cuando los demócratas están tan ocupados liándose a mamporros entre ellos, tampoco es cuestión de interrumpir la diversión.

Las malas noticias

El problema es que la bizantina negociación del plan de infraestructuras (BIF) y la agenda de Biden (BBB) sigue encallada. Es más, parece estar más encallada hoy que hace unos días, en parte porque las posiciones de los actores han quedado un poco más claras.

Hace dos días, las dos facciones de los demócratas en la cámara de representantes, moderados y progresistas, quizás no tuvieran un acuerdo, pero al menos parecían entender el problema que tenían entre manos: una variación del dilema del prisionero.

Los dos bandos deben decidir si quieren cooperar, e intentar llegar a un acuerdo, o ponerse intransigentes y bloquearlo si no les dan todo lo que piden. Si ambos cooperan, pueden sacar adelante dos leyes que les gustaban, aunque los progresistas no consiguieran tanto gasto público como pretendían y los moderados más gasto de la cuenta. Si los progresistas cooperan, pero los moderados son intransigentes, sólo se aprueba el BIF pero el BBB nunca llega a ser votado. Si por el contrario los moderados ceden, pero los progresistas se mantienen firmes, se aprueba tanto el BIF como el BBB, pero el segundo es mucho más ambicioso y con muchos más impuestos. Finalmente, si ambos apuestan por la intransigencia, las dos leyes caen derrotadas y los demócratas tiran a la basura no sólo la presidencia de Biden, sino el futuro de la humanidad como tal.

Si tenéis alguna familiaridad con el dilema del prisionero sabréis que las cosas suelen acabar mal. Aunque todo el mundo gana bajo un acuerdo, la tentación de meterle el dedo en el ojo al rival y llevártelo todo es fortísima, empujando ambos bandos hacia la intransigencia. Durante el fin de semana, congresistas de ambos bandos parece que empezaron a entender que esa era una posibilidad real, y se empezó a negociar partiendo de la idea que cualquier acuerdo iba a requerir no solo lealtad, sino vigilancia constante.

Ayer miércoles, sin embargo, la estructura de estas negociaciones empezó a tambalearse por culpa de los moderados. La reina de todo lo divino y humano Krysten Sinema, la senadora de Arizona que sigue siendo el voto crucial en la cámara alta, visitó tres veces la Casa Blanca en tres reuniones separadas con el presidente y sus asesores para avanzar un acuerdo. En ellas, se negó por completo a negociar nada hasta que la cámara de representantes aprobara el BIF. Es decir, que sólo habría acuerdo una vez los progresistas entregaran las armas y renunciaran a tener cualquier capacidad de influencia; la postura más intransigente posible. Acto seguido el excelso y extraordinario Joe Manchin, señor de West Virginia, publicaba un comunicado un poco menos inflexible, pero igual de significativo, exigiendo grandes cambios en la estructura del BBB y pidiendo aplazar su votación.

Con estos apoyos detrás, los moderados en la cámara de representantes saben que pueden negociar desde una posición mucho más fuerte que los progresistas, convirtiendo un potencial acuerdo en un trágala casi completo. Y los progresistas, en vista de este escenario, han vuelto a la intransigencia. Entre aprobar un BIF que les importa bien poco y un BBB irrelevante y nada, prefieren nada, y al menos vengarse de los moderados.

Ahora mismo Nancy Pelosi dice que el BIF se llevará a votación en el pleno hoy jueves. Los líderes de la cámara de representantes nunca llevan nada al pleno sin tener claro que tienen los votos para que sea aprobado, pero la cuenta de progresistas que dicen estar dispuestos a hundir la ley (varias decenas) hace que casi nadie crea que vayan a acabar votando.

El comodín

Queda, sin embargo, otra posibilidad: una ayuda de los republicanos. El BIF, no lo olvidemos, fue aprobado en el senado con una cantidad considerable de votos del GOP, y aunque el partido en la cámara de representantes es más conservador, hay bastantes voces dentro del partido indicando que hay un número considerable de legisladores que pueden votar a favor.

Si el GOP lo pensara fríamente (algo que no es del todo esperable viniendo de Kevin McCarthy, pero ya se sabe), la estrategia correcta es ayudar a que el BIF sea aprobado. Primero, porque es una ley que a muchos les gusta, y dado el ruido y la furia alrededor del BBB, es posible que los medios ni siquiera le den mucha importancia como una gran victoria de Biden. Segundo, y más importante, porque aprobar el BIF ahora elimina casi por completo la capacidad negociadora del ala progresista de los demócratas, hundiendo el BBB a todos los efectos y provocando una guerra civil tremebunda en el seno del partido del presidente.

Nancy Pelosi, por supuesto, sabe que esto es una posibilidad. Todo parece indicar que la Speaker no quiere sólo el BIF, sino que también quiere un BBB fuerte, así que si ve venir que la votación saldría adelante gracias a votos republicanos no seguirá adelante.

Pelosi, no obstante, es una mujer pragmática. Si cree que Manchin y Sinema son un problema irresoluble, es probable que prefiera sacar el BIF y una guerra civil que no sacar nada adelante y tener una guerra civil igual. Creo que los progresistas también sospechan que quizás van a tener que vivir con esa posibilidad. Si de mí dependiera, prefiero el BIF y nada más que quedarme en blanco.

No sabemos qué sucederá hoy. Lo más probable es que todo vuelva a aplazarse, al menos hasta que Sinema y Manchin confirmen su condición de imposibles y el ala progresista del partido decida volar todo (o casi todo) por los aires.

A principios de año hice muchas bromas sobre el poder del votante mediano del senado y como Joe Manchin era el hombre más poderoso de Estados Unidos.

Bueno, no bromeaba.

Los terrores futuros

La fecha límite para el techo de la deuda parece ser el 18 de octubre, así que nadie está prestándole demasiada atención estos días. La teoría sobre cómo resolverlo que gana fuerza, por cierto, es menos radical que la moneda gigante de platino, pero es también lógica: el departamento del tesoro simplemente ignoraría la ley y seguiría emitiendo deuda.

La justificación legal, en este caso, es que el congreso de los Estados Unidos está imponiendo al ejecutivo dos leyes contradictorias, gastar dinero y no endeudarse para cubrir ese gasto. Dado este dilema, el departamento del tesoro abogaría por hacer el gasto, ya que esa ley parece ser más acorde con la constitución, que prohíbe dejar de pagar deudas y da al congreso poder sobre gasto, no sobre deuda.

¿Tranquilizador? No, porque no sabemos cómo reaccionarían los mercados financieros y si esto acabaría en los juzgados. Pero es menos aterrador que una bancarrota.

Bolas extra:

  • Voy a enlazar estas dos noticias sobre una candidata de WFP en Bridgeport estos días, y no decir mucho más. La historia detrás, para otro día.

  • Sí, siempre es Bridgeport. Siempre.

  • Yale va a lanzar una campaña para recaudar fondos entre sus exalumnos que espera conseguir 6.000 millones de dólares. Es algo normal (los colegios y universidades privadas hacen estas campañas todo el santo rato) pero nunca dejaré de hacerme una idea de la escala. Es una universidad obscenamente rica.

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