Un día glorioso para Trump

O cómo acumular cinco escándalos en un solo día y quedarse tan ancho.

Para Donald J. Trump, presidente de los Estados Unidos, la jornada empezaba de manera gloriosa: un legislador noruego le había nominado para el premio Nóbel de la paz. Dejemos de lado el hecho de que Christian Tybring-Gjedde, el legislador en cuestión, es un racista furibundo, islamófobo entusiasta y superfan de Vladimir Putin que ya le nominó para el Nóbel de la Paz hace un par de años, o que cada año más de 300 personas reciben nominaciones. Así es como empieza uno el día, con un gran reconocimiento internacional por parte de un político noruego desconocido pero con buen criterio.

Sí, es cierto que hay una pandemia de la que nadie se acuerda que ha matado más de 190.000 americanos y que el martes se cobró la vida de 1.089 personas. Sí, es cierto que Trump sigue a siete puntos de Biden en los sondeos, pero eso es menos de lo que parece gracias a la magia del colegio electoral y que las encuestas seguro que mienten. Hoy es un gran día para hacer campaña electoral.

Hasta que… bueno, han pasado cosas.

California:

La mayoría de los medios de comunicación y comentaristas políticos están en la costa este, así que las cosas que pasan allá orillas del Pacífico a menudo tienen cierta dificultad en entrar en la conversación mediática del día. Hoy, sin embargo, ha sido distinto, porque en California no ha amanecido.

California, Oregón y Washington está sufriendo la peor oleada de incendios forestales de su historia. Sólo en California se han quemado casi un millón de hectáreas de terreno. Aún quedan varios meses para que termine la temporada de incendios, y se están batiendo ya ahora récords históricos anuales. Durante el día de ayer seis personas murieron a causa de las llamas, y cientos de miles de personas están siendo evacuadas. Con las temperaturas subiendo y varios días de fuerte viento en las previsiones meteorológicas, la situación es cada vez más desesperada.

A media mañana en Washington y Nueva York, las redes sociales se empezaron a llenar de fotos tomadas en San Francisco, Oakland, y otros lugares del norte de California mostrando que no había salido el sol. En vez de un amanecer, el estado más rico y poblado de la unión se despertaba con un cielo encarnado, irreal, casi de otro mundo:

En cualquier día normal de una presidencia normal un desastre natural de esta magnitud estaría monopolizando los informativos y estaríamos todos hablando sobre cambio climático. El hecho de que el presidente, en un año electoral, no haya dicho absolutamente nada del tema o ni siquiera se haya planteado una visita al estado estaría siendo motivo de debate.

Pero claro, este no es un año normal, ni una presidencia normal.

Bob Woodward, Trump y la pandemia

Bob Woodward, el legendario periodista que destapó junto a Carl Bernstein el escándalo del Watergate, ahora se gana la vida escribiendo libros sobre presidentes. Su modelo es pactar con la Casa Blanca tener acceso a personal clave, altos cargos, y al mismo presidente durante varios meses, y publicar poco después un libro serio con prosa así muy seria sobre lo que es “estar ahí” en el centro de la acción.

Los libros de Woodward son, en general, bastante inofensivos, ya que cuando un responsable de prensa invita a un periodista a la Casa Blanca con ese nivel de acceso se cuida muy mucho de que nadie diga o haga tonterías cerca de su micrófono. Lo que acaba publicando son tomos grandes con un montón de buenas anécdotas y alguna descripción medio interesante sobre piques internos en el proceso de toma de decisiones dentro del ejecutivo, pero no mucho más.

El responsable de prensa de Trump, sin embargo, es un idiota incompetente.

El primer libro de Woodward sobre Trump (“Fear” - miedo) contenía un buen puñado de escándalos y revelaciones explosivas, como el hecho de que altos cargos de la Casa Blanca robaron en más de una ocasión borradores de órdenes ejecutivas de Trump para evitar que cometiera estupideces, o que todo el mundo que no era pariente suyo parecía ser de la opinión que el presidente estaba poco menos que chiflado. Su publicación abrió un revuelo tremendo, porque Woodward es la clase de periodista que nunca, nunca, nunca publica nada que no tiene grabado y confirmado varias veces.

Fear” fue publicado el 2018, hace la friolera de dos años. Por algún motivo inexplicable, Trump o algún idiota cercano a él en la Casa Blanca parecen haber olvidado quién es Bob Woodward, y lo invitaron otra vez en enero a escribir otro libro, con aún más facilidades que hace dos años, incluyendo dieciocho entrevistas con el presidente.

Este segundo volumen, “Rage, sale a la venta la semana que viene, y hoy se ha levantado el embargo para críticos y comentaristas que tenían copias por adelantado del libro.

The cover of Bob Woodward's book about President Trump, titled <em>Rage.</em>

Madre del amor hermoso, la de cosas que recoge Woodward. Desde que altos cargos nombrados por él creen sinceramente que es “peligroso” a que en privado denigra e insulta a los militares sin parar (como contaba este fin de semana, en Estados Unidos esto es un escándalo descomunal), a su total falta de empatía o su admiración abierta hacia Jim Jong-un.

La que ha levantado una polvareda gigantesca, es la grabación de una conversación con Trump en marzo en la que el presidente admite ser perfectamente consciente de que el coronavirus es mucho más letal y contagioso que la gripe, pero que había tomado la decisión de minimizar su importancia para “evitar el pánico”. Trump sabía desde principios de febrero que COVID-19 era una enfermedad letal, pero decidió mentir sobre ello, ocultando información al público.

Una respuesta federal catastrófica y 190.000 muertos después, el escándalo ha sido mayúsculo.

Por supuesto, la respuesta de Trump a la pandemia ya había sido escandalosa; el país, a pesar de tener varios meses para prepararse, haber visto los efectos de la pandemia en China, España e Italia y la respuesta efectiva y decidida en lugares como Corea del Sur o Alemania, sufrió varios brotes gravísimos en mayo, y una segunda oleada aún más letal y prolongada en julio y agosto. El gobierno federal sigue echando la culpa a los estados y dando información contradictoria. Lo único que cambia el libro de Woodward es la revelación de que no es que Trump fuera un idiota que no era consciente de la gravedad del problema, sino que es un idiota que sabía que tenía un problema gravísimo en sus manos y no hizo nada en absoluto para combatirlo.

No es un “no se podía saber”. Es un “lo sabía y no hice nada”.

Ocultando los supremacistas

No os preocupéis, que este no ha sido el último escándalo de las últimas 24 horas. A media tarde el NYT publicaba la noticia de que Brian Murphy, el anterior jefe de inteligencia del departamento de seguridad nacional, había presentado una queja formal diciendo que Chad Wolf, el secretario del departamento, le había dado órdenes explícitas de cambiar informes que producía el departamento que molestaban al presidente.

En concreto, Wolf le ordenó no hacer pública la existencia de una campaña de desinformación rusa acerca de la salud mental de Joe Biden. Además, Ken Cuccinelli, el segundo del departamento, exigió que se cambiara un informe, minimizando el riesgo violencia por parte de grupos de extrema derecha y destacando información sobre Antifa y otros grupos de izquierda.

Murphy es el clásico burócrata federal que toma notas y documenta todo lo que hace, así que la queja viene cargada de detalles y pruebas. Manipular informes de inteligencia que deben ser enviados al Congreso para favorecer al presidente es, huelga decirlo, completamente irregular, la clase de abuso de poder que en cualquier otro año con cualquier otro presidente hubiera provocado una reacción apocalíptica de prensa, congreso, inspectores generales y otra gente de mal vivir, dimisiones, investigaciones, comparecencias y mil horas de cobertura mediática.

En la administración Trump, es la tercera noticia del día.

Sin respuesta económica ante la crisis

La economía americana sufrió una caída de PIB menor que otros países desarrollados en el segundo trimestre gracias a los tres gigantescos planes de estímulo fiscal adoptados por el congreso en rápida sucesión en abril. La mayoría de los programas incluidos, sin embargo, caducaron en agosto y septiembre, así que ahora mismo el país está empezando a sufrir los efectos de una contracción fiscal. Tras tomarse varias semanas de vacaciones, el congreso está otra vez negociando un paquete de medidas, pero nadie espera que lleguen a acuerdo alguno.

De nuevo, eso sería una noticia enorme en otro ciclo, pero muchos medios ni se ha molestado en hablar sobre ello.

Silenciando a los expertos

Anthony Fauci es el respetadísimo “Fernando Simón” del gobierno federal de los Estados Unidos, alguien increíblemente competente, preparado, y con décadas de experiencia en enfermedades infecciosas. Ya hemos visto que Trump básicamente decidió no hacerle caso. Bien, ayer Político destapaba que altos cargos políticos del departamento de sanidad y servicios sociales llevan semanas dándole órdenes explícitas sobre lo que puede decir o no en público sobre la pandemia. Esta noticia se añade a otras que indican que la Casa Blanca está presionando a las agencias de sanidad federales a descartar la evidencia científica y a tomar decisiones siguiendo criterios políticos.

Nadie se ha hecho eco de esta historia, porque… bueno, qué más da.

Inundando la zona de basura - repetidamente:

En mayo hablaba sobre cómo Trump esencialmente había roto a los medios de comunicación al darles demasiados escándalos, demasiadas tonterías, demasiadas calamidades que cubrir simultáneamente. Lo de ayer fue un diluvio de basura, algo complicado de entender incluso si eres alguien que vives enganchado a los medios todo el santo día.

Es difícil saber si a estas alturas nada de esto importa. Trump está a siete puntos de Biden en los sondeos, y lleva ahí varios meses. Sus fieles parecen ser completamente inmunes a lo que diga o haga el presidente, no importa lo que sea. Sus detractores ya están tan saturados que no importa ya lo que salga, quieren votar en su contra de una vez. Para la inmensa mayoría de americanos que no siguen la política de forma obsesiva, el efecto debe ser parecido al de abrir una puerta en medio de un temporal; caos, el rugido del viento, cosas volando, lluvia, truenos, relámpagos. Lo más sensato es apagar el televisor y dejar la política para otro día.

La verdad, casi que tienen razón.

Bolas extra:

  • El origen de uno de los incendios de California fue una gender reveal party, una fiesta para hacer público el sexo de un bebé durante el embarazo. Los genios decidieron montar un espectáculo pirotécnico.

  • Las universidades americanas se enfrentan a una crisis económica sin precedentes debido a la pandemia.

  • Los medios conservadores dominan Facebook, pero se pasan el día llorando que les censuran.

  • ¿Cómo gana Amazon dinero?

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