Agentes de la verdadera izquierda

Qué es el Working Families Party, y cómo el ala progresista del partido demócrata intenta empujar el partido a la izquierda

Llevo más de un año escribiendo Four Freedoms (cielos), y me acabo de dar cuenta que nunca he acabado de explicar dónde trabajo, a pesar de que prometí hablar de ello en el primer boletín que envié. Y la verdad, es una historia interesante, y un buen ejemplo sobre cómo funciona la movilización política en Estados Unidos.

Resulta que trabajo en el Working Families Party (WFP), una de las organizaciones progresistas más influyentes de Estados Unidos. Los que me seguís en Twitter probablemente os habréis dado cuenta de la ironía; una de mis aficiones predilectas es, desde hace tiempo, mofarme de la “verdadera izquierda” (léase Podemos), y de todos aquellos políticos que se pasan la vida más preocupados de la pureza ideológica que de gobernar. Y, sin embargo, aquí me tenéis, en un tercer partido en un sistema político donde estos nunca alcanzan representación.

Bueno, vaya por adelantado: no, no es un brindis al sol. WFP es un partido minoritario, pero no es un actor irrelevante. Todo lo contrario.

Un poquito de historia

El Working Families Party nace en Nueva York en 1998, cuando un grupo de sindicatos, organizaciones sociales, y activistas decidieron intentar sacar partido de una peculiaridad institucional en el estado. La ley electoral en Nueva York tiene un mecanismo llamado “fusion voting”, (literalmente, voto fusionado), que permite que alguien aparezca en una papeleta electoral como candidato de más de un partido, sumando votos de ambos en el resultado final. Esto permite que un tercer partido pueda tener visibilidad e influencia incluso en un sistema político de circunscripciones uninominales; pueden apoyar a candidatos a elecciones, pero sin dividir el voto, y señalar la importancia de sus votantes en el resultado final.

Los fundadores de WFP eran todos gente del ala izquierda del partido demócrata, harta de los “reformistas” y “moderados” que dominaban el partido durante la era Clinton. Se quejaban, con razón, de que los demócratas se habían esforzado tanto en atraer votantes de centro que se habían olvidado de sus bases, de los americanos con menos ingresos, de los sindicatos y el movimiento obrero. En un estado como Nueva York, más progresista que el resto del país, esto había acabado con el partido en la oposición, con alcaldes y gobernadores republicanos. Entre un partido “de izquierdas” que actuaba como los republicanos y los republicanos “de verdad”, los votantes se habían ido con los republicanos.

Reemplazar al partido demócrata, sin embargo, era imposible; uno no puede hacer sorpasso en política americana sin garantizar que el partido del otro lado gane las elecciones. Así que lo que los fundadores de WFP se propusieron fue cambiar al partido demócrata quizás no desde dentro, pero sí atizándole vigorosamente desde la izquierda.

La filosofía de Working Families

La gente de WFP, cuando definimos el partido, siempre utilizamos dos frases. Por un lado, decimos que somos el partido de la clase obrera multirracial que lucha para que América cumpla con su promesa, aún no realizada, de libertad e igualdad para todos.

Por otro, y más importante, nos definimos como la “izquierda no-delirante” (non-delusional left). Nuestra prioridad es sacar adelante políticas públicas, no montar numeritos y manifestaciones, purgar disidentes, y quitarle votos al candidato demócrata para que gane un patán de derechas (saludos a Ralph Nader).

Es decir: primero definimos una agenda política, y después decidimos qué vamos a hacer para que sea aprobada. Lo de perder gloriosamente y pedir chorradas variadas es algo que nos revienta profundamente.

Llevando esto a la práctica

Para explicar la puesta en práctica de esta filosofía, permitidme que me refiera a una serie de artículos que escribí por Politikon hace un par de años, porque son un buen ejemplo sobre cómo opera el partido.

Estados Unidos es el único país desarrollado que no tiene bajas pagadas por enfermedad y maternidad. En este país, cuando tienes un bebé, literalmente tienes que utilizar tus días de vacaciones para dar a luz, porque tu jefe no tiene obligación alguna de darte días libres. Dado que en Estados Unidos tampoco hay vacaciones pagadas marcadas por la ley, esto es un problema importante, y un engorro colosal si quieres empezar una familia.

Allá por el 2013, una coalición de organizaciones sociales, fundaciones, sindicatos y la rama de Connecticut de WFP (el segundo estado donde tuvo presencia el partido, aprovechando que también tiene fusion voting) empezaron a trabajar para sacar adelante una ley estatal de bajas familiares en Hartford. La campaña duró siete años; la ley fue aprobada el 2019, tras repetidos intentos de sacarla adelante y repetidos fracasos. Explico toda la odisea aquí, aquí, y aquí, por si queréis más detalle. La parte importante, del lado de WFP, es el papel que tuvo el partido para sacarla adelante.

En Connecticut hay elecciones legislativas cada dos años. Cada ciclo electoral, la gente de WFP miraba por un lado la lista de representantes y senadores que se habían opuesto a la ley, y por otro qué aspecto tenía su distrito electoral y echaban cuentas. Si un legislador estaba en un distrito muy seguro (es decir, donde los demócratas ganan por goleada) pero no estaba apoyando la ley, era cuestión de buscar a alguien mejor y convencerle que se presentara a unas primarias. Si un escaño se quedaba vacante, la idea es intentar reclutar un candidato tan progresista como fuera posible para intentar ganarlo, y apoyarlo a fondo en primarias. Y si el legislador hostil resultaba ser un republicano en un distrito vulnerable, buscaban un candidato que pudiera derrotarle en las generales, y que fuera lo suficiente progresista como para votar a favor de la ley.

WFP hace esto durante tres ciclos electorales, en el 2014, 2016, y 2018. Poco a poco, sin prisa, pero sin pausa. Durante el periodo de sesiones, el personal de WFP actúan como lobistas (y técnicamente, trabajando para la Working Families Organization, que es una ONG asociada al partido, por motivos legales y contables), movilizan a activistas, arman bulla, e intentan sacar adelante la ley. En periodo electoral, WFP se dedica a bombardear a los legisladores demócratas que insisten en votar mal, y así hasta que aprendan.

Ganando primarias

Lo bonito de las primarias estatales, tanto en Connecticut como en el resto de los Estados Unidos, es que los distritos son pequeñitos y vota muy poca gente. El distrito medio de la cámara de representantes tiene 23.000 habitantes, y en las primarias, con suerte, votan 2.500-3.000. Esto quiere decir que es posible montar campañas efectivas contra incumbents a poco que reclutes a alguien respetado en el pueblo. Con voluntarios, buena organización, y algo de talento se puede literalmente hablar con todos los votantes de primarias durante la campaña electoral. Incluso en el senado estatal (distritos de 94.000 personas) puedes armarla con relativa facilidad, con electorados de primarias de menos de 10.000 personas.

Y bueno, resulta que en WFP somos muy buenos ganando primarias, y se nos da también bien ganar generales.

Por supuesto, el hecho de que el partido demócrata girara a la izquierda en años recientes no es sólo mérito de WFP. El estado no vive en una burbuja, y los cambios políticos a nivel nacional han movido a los demócratas y al estado hacia la izquierda. La idea central del partido, sin embargo, es que estos cambios no se producen solos, y la selección de candidatos importa. Trabajamos para presentar al candidato más progresista posible que puedas ganar las generales porque así es como conseguimos victorias legislativas.

La relación de WFP con el partido demócrata no es hostil; aunque formalmente somos un partido independiente, en la práctica actuamos como una facción más. Somos la pieza más organizada y ruidosa de la izquierda (aunque no somos los únicos), ciertamente, pero recordad eso que contaba el otro día de que los partidos en Estados Unidos son más un club informal que una estructura organizada. Lo que sucede, en todo caso, es que nos peleamos con otras facciones del partido, no con el partido en sí.

En último término, hay bastante de coordinación implícita entre facciones. Muchas veces cuando WFP anuncia que un candidato en primarias es una prioridad, eso acostumbra a “vaciar” esas elecciones de oponentes, porque es difícil ganarle. En otras, cuando WFP no tiene un candidato viable en primarias, no nos metemos en ellas, y en todo caso decidimos si le ayudaremos o no en las generales. Cada distrito es distinto, y cada ciclo electoral tiene sus temas y sus batallas.

Choques de trenes

Por supuesto, hay veces en que esta coordinación no funciona, y WFP presenta candidatos donde no les llaman. Esto puede suceder durante las primarias, cuando el candidato oficial demócrata es alguien inaceptable, o incluso en las generales en distritos donde los republicanos se han extinguido. En Connecticut, que yo recuerde, hemos tenido un par de legisladores estatales que derrotaron al candidato demócrata en generales presentándose sólo bajo WFP (un senador y un representante), y varios candidatos en las municipales. Hace un par de años casi nos ciscamos al alcalde de la ciudad más grande del estado, en unas elecciones delirantes.

WFP a nivel nacional

Siendo como es un partido que nació en el noreste del país, donde más influencia tenemos es Nueva York, Nueva Jersey, y el sur de Nueva Inglaterra. El partido se ha pegado algunas galletas tremendas con los demócratas en Nueva Jersey y Nueva York (donde hay un establishment más organizado), y se ha cargado algún peso pesado, ganándose enemigos poderosos.

En años recientes el partido ha empezado a expandirse y replicar el modelo en otros lugares. Ahora mismo fuera de la tri-state area tenemos presencia (es decir, organización formal y gente en nómina) en California, Oregón, Delaware, Pennsylvania, Colorado, Nuevo Méjico, Arizona, Massachusetts, Rhode Island, West Virginia, y Georgia, y vamos ampliando. Hubo gente del partido que trabajó muchísimo para que Biden ganara las presidenciales en varios estados clave, y WFP ha sido crucial en mover la agenda a la izquierda en muchos lugares.

¿Esa ley de baja por enfermedad pagada recién aprobada en Nuevo Méjico? Bueno, adivinen quién tiene la culpa.

Bolas extra:

  • Mañana me ponen la primera dosis de la vacuna del COVID-19.

  • La administración Biden ha incluido una idea bastante ingeniosa para intentar solucionar el problema de la vivienda en su nuevo plan de estímulo.

  • Escribía en Voz Populi sobre el retorno a las ciudades post-COVID, y el impacto de un año de trabajo remoto.

  • ¿Por qué Joe Biden se ha convertido en un radical?

  • Los sindicatos han fracasado en conseguir que los trabajadores de Amazon en Bessemer, Georgia, se afilien.

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