La caída de Andrew Cuomo

El otrora intocable gobernador de Nueva York acaba cayendo en manos de su propio partido

A principios de marzo escribía sobre los escándalos que acechaban a Andrew Cuomo, el aparentemente invencible gobernador demócrata de Nueva York. Hijo de un gobernador, amigo de todo aquel demócrata que ha tenido poder alguna vez, Cuomo es el ejemplo paradigmático de una clase de dirigente típica de Estados Unidos, el político dinástico, nacido en el poder y que ha vivido siempre alrededor de este.

Hace medio año, el gobernador fue acusado de forma creíble por parte de varias mujeres de su entorno de acoso sexual. El partido demócrata pidió su dimisión, pero Cuomo se negó en redondo, proclamando su inocencia y exigiendo una investigación independiente.

Los legisladores estatales, siempre tímidos, formaron una comisión para evaluar si debían presentar un impeachment, pero con toda la parsimonia del mundo. Quizás estaban pidiendo justicia, pero al gobernador le seguían teniendo miedo; Cuomo podía vetar leyes y tumbar el presupuesto, haciendo el estado ingobernable.

El informe

Laetitia James, la fiscal general de Nueva York, es elegida de forma independiente, directamente por los votantes, así que no tenía esta clase de reparos. Su oficina contrató un equipo de investigadores para que buscaran información sobre las acusaciones contra Cuomo y redactaran un informe detallado sobre su conducta, evaluando si podía tener consecuencias penales.

El informe fue presentado a principios de la semana pasada. Es largo, detallado, pero su conclusión es simple y clara. Cuomo acosó sexualmente a once mujeres que trabajaban para él, incluyendo una policía estatal de su escolta. Fueron contactos no consentidos y que pueden ser considerados de carácter criminal.

La reacción de Cuomo fue, de entrada, desafiante. En un video pre- grabado y francamente esperpéntico, el gobernador insistió que él no tenía malas intenciones, sino que era simplemente cariñoso. Esa es su cultura y hay que respetarla, vamos. Esta imagen de Fox News es un montaje, pero es el mejor resumen posible de su defensa:

Lo de enrocarse y proclamar su inocencia le había funcionado en marzo, así que por qué no intentarlo de nuevo. Pero esta vez la cosa fue distinta.

La rebelión

Para empezar, esta vez nadie le daba a Cuomo el más mínimo beneficio de la duda. Toda persona con un cargo electo en el estado de Nueva York, sin excepción, le exigió que dimitiera y si no lo hacía, animaron a los legisladores a acelerar el impeachment lo antes posible. Los gobernadores de los estados vecinos de Nueva York (Nueva Jersey, Connecticut, y Rhode Island, que es medio vecino, supongo) le exigieron que dimitiera. Los dos senadores por Nueva York le exigieron que dimitiera. Todos los congresistas del estado se apresuraron a buscar un micrófono y le exigieron que dimitiera. El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, le exigió que dimitiera.

Nueva York es un régimen de partido único, donde el partido republicano tiene una presencia testimonial en las instituciones. Cuomo depende de su propio partido, y le habían abandonado por completo. En una cuenta de votos sobre el impeachment, su equipo estimó que menos de una docena de legisladores (de un total de 106) iban a apoyarle.

Desde 1777, sólo uno de los cincuenta y seis gobernadores del estado de Nueva York ha perdido el cargo por culpa de un impeachment. Cuomo no quería pasar a la historia como el segundo. Ayer por la mañana, en una conferencia de prensa caótica, improvisada, y que pilló a casi todo el mundo por sorpresa, anunció su dimisión, efectiva en dos semanas.

La caída

Ayer y hoy los medios americanos (porque todos los medios nacionales están en Nueva York, así que el país entero va a tragarse el debate tanto si quiere como si no) van llenos de análisis y reportajes sobre la caída de Cuomo. La pregunta central es cómo alguien que tuvo altas cotas de popularidad durante la primera oleada de COVID (a pesar de que su respuesta fue desastrosa en muchos aspectos, como comentaba en marzo) puede haber sido abandonado por todos en apenas un año.

No hay demasiado misterio, la verdad. Primero, Cuomo era y es un cerdo, y andaba acosando sexualmente mujeres desde hacía años. Lo sabía todo el mundo. Cuando varias mujeres tuvieron el enorme coraje de hablar en público (a sabiendas de que el gobernador se vengaría de ellas) las acusaciones iban a ser imposibles de negar.

Segundo, Cuomo era temido dentro del partido, pero no amado. Un miembro de su equipo describía su estilo de gobierno como “We operate on two speeds here: Get along, and kill” (operamos a dos velocidades: llevarnos bien, o matar). Cuomo no tenía aliados; sólo gente que le daba la razón o gente a la que iba a intentar destruir. Su base de poder estaba construida no con la autoridad de alguien respetado, sino en el silencio de quien teme las consecuencias de levantarle la voz. Cuando quedó claro que era vulnerable, todo el partido en bloque le dio espalda.

Tercero, y más importante: el partido demócrata es una organización disfuncional, torpe, y a menudo incapaz de andar y mascar chicle al mismo tiempo, pero no es un culto suicida. Como señalaba Benjamin Parker por Bulwark (un medio conservador, pero son los conservadores los que tenían calado a Cuomo desde hace tiempo), los demócratas siguen siendo capaces de entender que hay cosas que no pueden tolerar de sus propios líderes y que exigen defenestrarlos.

Esto parece obvio porque es una conducta eminentemente racional, por supuesto; todos los partidos actúan de esta forma. En Europa, la mitad de primeros ministros no pierden el cargo en las urnas sino a manos de sus compañeros de partido. Los políticos entienden estas cosas.

En todas partes, claro está, excepto ese culto a la personalidad disfrazado de partido político que es el partido republicano, con sus purgas a disidentes, loas al amado líder, y legisladores justificando un golpe de estado. Pero de esos chiflados ya hablamos demasiado a menudo.

Epílogo

La nueva gobernadora del estado de Nueva York será Kathy Hochul, ex-congresista (tres años) y vicegobernadora desde el 2014. Su cargo actual no tiene apenas atribuciones, así que no es que haya hecho gran cosa. Hasta donde sé, es moderada, pero confieso no haber leído apenas nada sobre ella.

No viene de una familia dinástica en la política del estado, eso está claro. Sólo por eso, será una mejora.

Bolas extra:

  • Chris Cuomo, el presentador de CNN con un programa de máxima audiencia hermano del gobernador y que le ayudó a responder a las acusaciones en marzo está de vacaciones esta semana. Quizás CNN debería plantearse si debe seguir en antena.

  • El gobernador que perdió el cargo en 1913, William Sulzer, era un reformista que intentó limpiar la corrupción en la política estatal. Tammany Hall, la “maquinaria” demócrata que controlaba la política en Nueva York, se inventó un escándalo de corrupción para derrocarle.

  • ¿Os acordáis de los legisladores de Texas que huyeron del estado para bloquear legislación sobre voto? Cinco semanas después, siguen a la fuga.

  • Dicen las malas lenguas que Cuomo convocó la rueda de prensa a la misma hora que el senado votaba en Washington el plan de infraestructuras de Biden, una venganza soterrada para que la victoria del presidente no dominara hoy los medios. Conociendo a Cuomo, me lo creo.

  • Biden es bastante bueno en esto de hacer política: su plan de infraestructuras bipartidista ha salido 60-39, con 19 republicanos apoyándolo - es decir, ha convencido a 19 tipos del otro partido a que gasten un billón largo de dólares. Su segundo paquete, el grande de veras, sólo con votos demócratas, está avanzando en el senado a buen ritmo.

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