La vieja religión woke

El anti- racismo, feminismo, y fervor identitario de la izquierda americana no es nada nuevo

Habéis escuchado el “Himno de Batalla de la República” decenas de veces, sea en películas, series, e incluso videojuegos. Es la marcha militar más famosa de la guerra civil americana; la canción con la que los soldados de la unión marcharon contra los rebeldes del sur para liberar a los esclavos y salvar el país.

Os refresco la memoria:

Es, indudablemente, una marcha militar, pero vale la pena fijarse en la letra, porque es un poco inusual comparada con “La Marsellesa” o “Ça Ira”. Aquí tenéis, por ejemplo, la última estrofa:

“In the beauty of the lilies Christ was born across the sea,
With a glory in His bosom that transfigures you and me.
As He died to make men holy, let us die to make men free,
While God is marching on.”

Es una canción profundamente religiosa en una guerra que era laica: secesión, esclavitud, derechos civiles. Toda la marcha habla de Cristo, aleluya, y el retorno del señor. La primera versión de la letra fue publicada en teoría en una revista abolicionista, The Atlantic, pero parece una canción de misa.

La tradición religiosa abolicionista

Esto no es accidental. El movimiento abolicionista americano, en los años anteriores a la guerra civil, tenía orígenes marcadamente religiosos. Fueron las iglesias protestantes pietistas del norte del país (metodistas, congrecionalistas, presbiterianos y luteranos alemanes) quienes liberan las primeras protestas, organizan campañas, y movilizan votantes hacia el recién formado partido republicano. El fervor casi religioso de las marchas militares del norte nace del hecho que el abolicionismo era religioso.

Tras las protestas de Black Lives Matter el año pasado y el nuevo protagonismo de lo que podemos llamar la “izquierda identitaria” woke, muchos comentaristas conservadores se han mofado de su carácter dogmático y la devoción por la pureza de ideas y lenguaje del movimiento, así como de sus peculiares liturgias, diciendo que es casi como una religión.

Bueno, es que en cierto modo es un movimiento religioso - como lo han sido muchos de los movimientos sociales que le han precedido en Estados Unidos. La tradición política americana es una tradición religiosa, y como dice Noah Smith (a quien le he robado la idea de citar esta marcha militar), wokeness es una “old-time American religion”; una religión americana a la vieja usanza.

De iglesias y política

Hace una temporada publiqué un artículo en Política & Prosa (en catalán) donde explicaba, no con suficiente detalle, la curiosa centralidad de la religión en la vida política americana, con iglesias a menudo luchando por temas que están bastante lejos de los dogmas de la fe o la relación iglesia-estado.

Estados Unidos, es bien conocido, no tiene ni ha tenido nunca una religión oficial, pero siempre ha tenido un “mercado” de confesiones religiosas increíblemente competitivo a lo largo de su historia. Sea por indignación moral, sea porque no hay nada para animar a la parroquia y atraer nuevos feligreses como una buena cruzada por algo virtuoso, las iglesias se meten a menudo en política, y lo hacen con una energía encomiable.

Ya hablamos del abolicionismo, pero podemos trazar raíces religiosas claras a la misma independencia del país, la ley seca, el sufragio femenino, las reformas progresistas de principios del siglo XX o el movimiento de los derechos civiles de los años sesenta (era el reverendo Martin Luther King, no lo olvidemos), o la moral majority de los ochenta y noventa. En muchas ocasiones, la mayor parte los integrantes del movimiento no están vinculados directamente a una iglesia, pero la estructura retórica, la liturgia, el desmedido aprecio por los discursos, los gestos y demás son tremendamente religiosos.

Como Noah Smith señala en su artículo (y sí, es de pago, pero lo vale), el movimiento woke es un descendiente directo de estas tradiciones, especialmente del abolicionismo. Aunque los republicanos van por el mundo insistiendo que todo esto del anti- racismo e ideología de género son chorradas post- modernas importadas de Francia infectadas de marxismo, no hay nada más americano que ser anti- racista con tono mesiánico y cánticos extraños. Los raros sois los europeos, que andáis copiando estas cosas.

Lo woke como religión un poco cargante

Por supuesto, que lo woke sea a menudo un movimiento cuasi-religioso explica alguno de sus excesos y problemas como ideología. Ya he mencionado de pasada, en artículos anteriores, la tremenda condescendencia implícita en gran parte de la jerga del movimiento (latinx, joder. latinx.), pero tenemos el lenguaje específico de la fe que debe ser dominado, los rituales, las a veces completamente incomprensibles objeciones a productos culturales variados, lo de exigir penitencia a todo Dios y lo de ser insufriblemente cargante, en general, con cualquiera que no se esté sintiendo culpable en este momento.

Parte del problema, como comentaba en este artículo sobre filantropía e ideas políticas hace unos meses (que solía ser de pago, pero lo he puesto en abierto, que sino sólo enlazo cosas con paywall hoy), es que la izquierda demócrata es variada y diversa, y una parte importante viene de lo que podemos llamar ONG- filantropía que a veces tiene un contacto no demasiado directo con la realidad. Tenemos una clase de activistas que provienen del mundo intelectual-fundaciones y academia. Estos señores y señoras y personas de género no binario han leído demasiados libros de caballerías, y están dispuestos a defender ideales como nadie.

A esto le debemos sumar la paradoja de que, al hablar de actitudes woke, los activistas (y votantes) más excitados y movilizados sobre el tema son blancos con educación universitaria en los suburbios, no gente de color. Lo vimos bien claro en las primarias demócratas del año pasado, donde los candidatos de la izquierda a menudo se convirtieron en pelmas insufribles hablando de racismo estructural, defund the police y cruzadas identitarias variadas.

Los votantes afroamericanos, como recordaréis, respondieron votando en masa a Joe Biden. En el partido demócrata, los votantes latinos y negros son mucho más moderados que los blancos de rentas altas en cuestiones identitarias. Me he hartado de reuniones donde activistas blancos intentan explicar a gente de color qué es el racismo.

¿Y ahora qué?

La izquierda más o menos sensata del país es perfectamente consciente de que esto es un problema, por cierto. En WFP llevamos varios meses hablando internamente sobre qué podemos hacer para defender los fines woke (el racismo y la discriminación son malos, oye) pero a la vez ser capaces de seguir hablando como seres humanos, sin meternos en estúpidos embolados sobre pureza ideológica que no llevan a ningún sitio. Los demócratas también parecen haber aprendido la lección, y en general (hay siempre rezagados y gente un poco fringe) están girando a la izquierda, pero evitando hablar como marcianos.

Mi intuición es que los grupos más radicalmente superwoke que pululan por ahí fuera no desaparecerán (los cultos milenaristas son duros de pelar) pero perderán visibilidad e importancia. Lo harán porque, por un lado, los demócratas se han movido a la izquierda en estos temas, así que en parte han ganado, y por otro, porque el resto de la izquierda que quiere ganar elecciones los empujarán a la esquina, poco a poco, al lado de los decrecentistas, los antivacunas, los maoístas y el resto de los grupos raritos que la izquierda finge no conocer de nada.

Como casi todo en Estados Unidos, a lo woke se exagera tanto su novedad como su importancia. Sin duda, el movimiento y su fervor de estos dos últimos años han cambiado el debate político en el país, poniendo en la agenda temas nuevos y muy necesarios (urbanismo, por ejemplo). También es indudable que son un poquito cargantes, como todas las religiones, y que ya va siendo hora de controlar alguno de sus excesos.

La idea de que esto es un “neomarxismofascista” de alguna clase o una ideología que va a imponer la dictadura transexual-indígena sobre los blancos, sin embargo, es una bobada sin sentido. El partido demócrata, y gran parte de la izquierda más sensata, está un poquito harto de ellos.

Bolas extra: